LA LITERATURA COMO RECURSO PEDAGÓGICO[1]

Literature as a Pedagogical Resource

 

DAYNA DÍAZ URIBE[2]

FECHA DE RECEPCIÓN: 10 DE MARZO DE 2026                                 

FECHA DE ACEPTACIÓN: 10 DE MAYO DE 2026

 

RESUMEN

 

El presente ensayo surge a partir de una experiencia como docente especialista en Letras, durante y después de la pandemia.  Tiene como objetivo sugerir que la literatura puede ser una herramienta didáctica en la que se pueden apoyar las y los futuros docentes para mejorar la educación en nuestro país. Es una propuesta que recomienda el uso de dicha disciplina como medio para enseñar otras materias como Historia, Redacción, Idiomas, Geografía, entre otras. 

 

Palabras clave: educación, literatura, pedagogía, docencia.

 

ABSTRACT

 

This essay stems from my experience as a literature teacher during and after the pandemic. Its aim is to suggest that literature can be a valuable teaching tool for future teachers to improve education in our country. It proposes using literature as a means to teach other subjects such as history, writing, languages, and geography, among others.

 

Keywords: education, literature, pedagogy, teaching.

 

Las pedagogías emergentes son propuestas metodológicas que se distinguen por estar en vías de desarrollo. En ese sentido, éstas nos permiten hacer un análisis, explorar y reconocer los retos que conllevan su implementación en las aulas. Éstas aparecen como respuesta al replanteamiento y redefinición de los roles en el proceso pedagógico. Actualmente, según Toledo Lara, “estamos en un momento privilegiado de la pedagogía porque, casi sin darnos cuenta, nos hemos convertido en testigos de excepción de cómo el propio contexto va perfilando nuevas formas de entender el quehacer pedagógico”.[3] Hoy por hoy, existen varios teóricos que han abordado las pedagogías emergentes, pero, debido al “carácter dinámico y el contexto cambiante en donde se circunscriben permiten asumir una perspectiva bastante dinámica”,[4] por lo que puede resultar contraproducente abordar estos casos con definiciones cerradas.

La llegada de la pandemia, en general, fue uno de los momentos definitorios para la renovación en los procesos de enseñanza, acontecimiento que a muchos tomó desprevenidos, lo que como docentes nos hizo replantearnos si los mecanismos que veníamos empleando por años eran los adecuados en una circunstancia de emergencia sanitaria. Ese desafío, en particular, en la formación de la nueva generación de docentes, se tradujo en una revisión a conciencia de este difícil, pero gratificante compromiso.

            Sin lugar a dudas, el perfeccionamiento de la enseñanza es algo que no se logra de la noche a la mañana. La maestría en esta actividad no se consigue detrás de un escritorio sino en las aulas que, para los académicos, son el equivalente a una trinchera en donde nos enfrentamos diariamente con los desafíos de la educación actual. Aunque la pedagogía y sus métodos han sido de gran ayuda a la hora de pensar la manera en que la humanidad ha educado a las masas, es verdad también que las experiencias individuales son igual de enriquecedoras por representar una de las tantas perspectivas epistémicas. En especial, acercarse a los docentes en formación es un acto que llena de esperanza y emoción, ya que ellos tienen la posibilidad de cambiar el rumbo de la educación en México junto con administrativos y operadores de instituciones educativas. Cuando hablamos de investigación respecto a estos temas, tendemos, como estudiosos, a dejar fuera las experiencias individuales por considerarse poco rigurosas, no obstante, presento una reflexión basada en la observación y en la prueba; misma que no carece de rigor, pero que no pretende la exhaustividad ni dar por terminado lo que propone con miras al futuro. Por ese motivo este artículo expone una investigación de naturaleza cualitativa. Para dicho fin, me gustaría relatar una anécdota para entrar en contexto.

Antes de impartir un par de materias en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y de ser investigadora en el Instituto de Investigaciones Filológicas de esa misma institución, trabajé en algunas escuelas que me hicieron replantearme mi labor como docente, en especial, durante y después de la pandemia. En el curso de este fatídico evento que paralizó el mundo, di cátedra en una universidad privada, específicamente, en la carrera de Enseñanza de idiomas. Recuerdo que mis inquietudes se detonaron a partir de que me asignaron la clase de Planeación curricular que:

constituye un elemento esencial para la organización y dirección de los procesos de enseñanza y aprendizaje, con el propósito de alcanzar los objetivos educativos establecidos. Este proceso no sólo impulsa la reflexión y la toma de decisiones pertinentes y oportunas, sino que también permite comprender las necesidades individuales de aprendizaje de los estudiantes y determinar qué contenidos y estrategias metodológicas son más adecuados para garantizar que todos los estudiantes adquieran el conocimiento de manera equitativa. Así, la planificación curricular aborda de manera integral la diversidad de los estudiantes y asegura una atención educativa justa y efectiva.[5]

Es decir, la Planeación curricular es la que define la manera en que aprenderán los alumnos de cualquier carrera. De ella dependerá que su paso por la institución sea o no efectivo, por lo que esa materia es medular para todo el alumnado que quiera formarse no solamente en la carrera de Docencia. Impartir ese curso, o sea estar en el lugar donde estaba ocurriendo tal fenómeno, me hizo plantearme una serie de reflexiones, por ejemplo, que como profesores lo ideal es que sigamos una serie de lineamientos para evolucionar, entre ellos, plantearse nuevos retos y actualizarnos para ir a la par de las inquietudes de los alumnos y programar a conciencia los temas en los que se debe profundizar. Esto aunado a la responsabilidad que implica como docentes ser un referente de honestidad para los educandos. En mi caso, la escuela en la que trabajaba en ese momento no aplicaba los valores que pregonaba en la manera de enseñar. Dar esa clase, desde ese ángulo, me convertiría en una mentirosa y a los alumnos no se les miente, porque como dijo Cicerón: “nada es más hermoso que conocer la verdad, nada es más vergonzoso que aprobar la mentira y tomarla como verdad”. El programa de la materia de dicha institución del sector privado, eran ideas pasadas de moda, de antaño, obsoletas, o sea, una utopía. El plan de estudios databa de una década antes de la pandemia, ¿cómo podría enseñarles eso a los futuros profesores cuando nuestro mundo ya era otro? Un día creíamos que nos iríamos de puente largo y no volvimos hasta casi dos años después, era un cambio que nadie esperaba. Los que tuvimos el privilegio de impartir y tomar clase desde casa, nos tuvimos que adaptar. Al regreso, después de ese inconveniente llamado COVID, dar la clase de Planeación curricular se convertía en un reto mayor, porque hablar de un ideal en una de las materias centrales de la carrera, en la que hablaríamos de un perfil de egreso óptimo, sería una farsa, pues mi grupo padecía los problemas que intentaban solucionarse con esa clase. Para no ser increpada por los alumnos, se me ocurrió cambiar la estrategia, pues, siendo sincera, y quien piense lo contrario, que me replique, cuando llegas a un salón de clase, da igual que te aprendas mil teorías pedagógicas, cada grupo es un mundo en el que tenemos que arreglárnosla para que todos los asistentes aprendan a la par. Uno de los inconvenientes cuando hablamos de pedagogía “tiene que ver con el hecho de que, en algunos momentos, aparecen términos inclinados hacia el tecnicismo innecesario, lo cual hace que la dificultad aparezca al momento de comprender tanto a la pedagogía propiamente dicha, como sus implicaciones”.[6] Las teorías se deben conocer, reflexionar, idealmente se aplican, pero si las condiciones no son las óptimas, se debe echar mano de todos los recursos para sacar el grupo adelante. Gracias a su dinamismo, la práctica de la pedagogía es una oportunidad para el surgimiento de nuevas investigaciones. En ese sentido, Toledo Lara retoma las ideas de Mendoza (2004) al decir que

Ya se ha de superar la clásica discusión entre lo cuantitativo y lo cualitativo para dar paso al conocimiento que surge desde la metodología mixta, lo cual implica técnicas y procedimientos de una o varias disciplinas con el objetivo de abordar la pedagogía como una entidad de carácter propio, pero con presencia de varios enfoques disciplinarios.[7]

Con esa mentalidad fue que decidí, desde un principio, observar desde un lugar privilegiado, sin cerrarme a lo emergente. Cuando me enfoqué en el programa de Planeación curricular, comparé lo que les iba a enseñar con la formación de los alumnos. Solicité el plan curricular de la carrera y vi que la universidad les exigía cursar esa materia, a pesar de que ellos no ponían en práctica las herramientas y el rigor a la hora de pasar de un perfil de ingreso a uno de egreso. Ahí fui testigo de los vacíos que tenía la carrera que cursaban, situación que pasa en muchas instituciones, porque, en ocasiones, en el sector privado, lo que menos importa es que los alumnos aprendan. El grupo era de 20 alumnos, formaron 5 equipos de 4 personas para desarrollar un trabajo por etapas durante todo el semestre. Mis preguntas de apertura fueron: ¿cuál era el perfil de egreso que les habían prometido? y, ¿cuál era el campo laboral al que pretendían adherirse? De la primera, sin excepción, no recordaban la respuesta; de la segunda, solamente la mitad respondió, pero sus respuestas eran limitantes. Se restringieron a contestar: dar clases de inglés, francés, alemán, etc. Hasta ahí llegaban sus expectativas. Cuando les expliqué lo que era la Planeación curricular y su importancia, se hicieron conscientes de las carencias formativas de las que adolecían. Por poner ejemplos, no llevaban más allá de un semestre de redacción en español, lo que, por lógica, provocaría fallas en su escritura en otros idiomas, ya que, si no lo hacemos bien en nuestra lengua, porque desconocer la sintaxis, la gramática, los tiempos verbales, los tipos de oración, elimina toda la posibilidad de entenderlo en otro idioma. Lo mismo sucedía cuando cursaban inglés 1, 2, 3, francés 1, 2, 3, no les exigían las certificaciones, no los preparaban para esos exámenes; entonces, sino era así, los planes de los que querían ser profesores, no tenían fundamento, en el mundo laboral, porque necesitaban esos certificados que avalaran sus conocimientos. Por eso les pedí tres cosas, buscar planes curriculares de otras universidades y compararlos, abrir sus expectativas de campo de trabajo y pensar, a partir de su experiencia, cómo les hubiera gustado que fuera su plan curricular. Así, desarrollarían un proyecto en el que diseñarían la carrera, desde los objetivos, la misión, visión, las materias, el orden, las optativas, hasta el marketing. Aunque tenían la posibilidad de elegir como especialidad entre la traducción médica, jurídica o literaria, los cuatro equipos se inclinaron por la última. Lo que resultó un ejercicio, además de liberador, muy revelador, porque nos dimos cuenta de que con esa vertiente podíamos aprender de otras cosas, de otras disciplinas y también perfeccionaban su escritura, ampliaban sus conocimientos de arte, cultura, historia, geografía, medicina, leyes, etc. El mundo cambió, y por consecuencia, la educación también. No obstante, muchas instituciones no tuvieron la capacidad o no quisieron reinventarse. En el ejercicio, los alumnos se sintieron incentivados por conformar su propio plan de estudios y edificar su carrera como les hubiera gustado cursarla. La actividad fue un éxito, se presentaron proyectos llamativos, actuales, que integraban las nuevas tecnologías, pero no por eso dejaban de lado los conocimientos más generales con los que debían salir al mundo laboral. Es decir, con esas decisiones se reforzó la idea de que “las prácticas pedagógicas se ven permeadas por los cambios económicos, políticos y culturales, por lo cual resulta importante reflexionar sobre el sentido del aprendizaje en la sociedad del conocimiento”.[8] Por eso es que, además, al alumnado se le ocurrió integrar talleres extracurriculares que formaban parte de sus inquietudes, como estudios de género, educación financiera, materias relacionadas con el entendimiento de la salud mental, así como talleres sobre feminismo y deporte. Lo que refrenda la idea de Toledo Lara basada en Gurung, que dice que “si hacemos una lectura de la pedagogía sólo como sinónimo de enseñanza, estamos fraccionando un ámbito pedagógico que cuenta con múltiples dimensiones”.[9] Ahí corroboré que lo multidisciplinario, lo anecdótico y lo emanado de las inquietudes de las nuevas generaciones, debe ser escuchado por administrativos y profesores. Porque, muchas veces, paradójicamente, quienes hacen los planes de estudios, no dan clase y es cuando se entiende el porqué de tantas lagunas en la formación. Con este preámbulo quiero llegar a lo siguiente pregunta: ¿la literatura es un recurso pedagógico indispensable en cualquier carrera, o solamente en aquellas que están enfocadas en las humanidades? Si es así, ¿por qué la literatura y no otra disciplina tiene esos alcances? Para mí, la respuesta es que, de todas las materias, es curiosamente la que más ilustra, enseña y enriquece el corazón y la sensibilidad de los humanos.

            La literatura está concebida a partir de la imitación o mímesis, la cual, como explicó Aristóteles en su Poética,

es connatural a los seres humanos desde la infancia (y esto los diferencia de los otros animales, pues los seres humanos son sumamente imitativos y realizan sus primeros aprendizajes mediante la imitación). […] Todos los seres humanos disfrutan con las imitaciones. Señal de ello es lo que acontece de hecho, pues obtenemos placer cuando contemplamos imágenes lo más precisas posibles de cosas que en sí mismas son desagradables de ver, como las figuras de animales horrorosos y de cadáveres. […] Los hombres disfrutan viendo imágenes pues sucede que, contemplándolas, aprenden y deducen qué es cada cosa […].[10] 

Por eso es que los acontecimientos narrados en la literatura nos resultan tan familiares, pues su edificación y creación se basa en la vida misma y su medida es el humano, por eso aquella frase de Miguel de Unamuno que dice que el escritor “sólo puede interesar a la humanidad cuando en sus obras se interesa por la humanidad”. ¿Qué pasaría si enseñáramos las demás disciplinas acompañadas de la literatura como recurso? ¿No siempre se nos ha dicho que la escuela debe prepararnos para la vida? Pero si es así, por qué enseñarnos desde otros ángulos ajenos que resultan ser lejanos, fríos y poco familiares. Quienes estudian Pedagogía, como profesores en formación, tienen la responsabilidad de instruirse en su carrera como autocríticos, no quedarse en su zona de confort, descartar lo obsoleto y proponer nuevos instrumentos pedagógicos que funcionen en la vida real. Ahora sí, preparar para la vida. Porque ahora más que nunca, es indispensable para nuestro país entregar a la sociedad alumnos capaces de enfrentarse a este mundo que cada vez es más complejo, competitivo y especializado.

Un error común es creer que la literatura solamente sirve para las materias de la misma disciplina, ¿qué sucedería si implementáramos su uso de manera transversal en toda la enseñanza? Los beneficios serían muchos, entre los más destacados, eso elevaría el número de lectores, que en nuestro país aún siguen siendo bajo. Es alarmante el nivel de analfabetismo que aún predominan en el país. Como dijo Octavio Paz alguna vez, “México es un país de escritores y no de lectores”, por lo que “leer es una excentricidad”.[11] Es momento de enmendar la frase del nobel a que nuestra nación, además de ser también de escritoras, es tierra de asiduos lectores, ya que, en realidad, el verdadero lector es el que convierte en maravilloso al libro. Otra ventaja de usar el recurso de la literatura es que mejora no solamente la creatividad de los asistentes, sino que, como mencioné, perfecciona la escritura sin siquiera notarlo, y genera un pensamiento más crítico. La ventaja que tienen al estudiar carreras relacionadas con Pedagogía y Educación es que pueden aplicar esto con libertad a gran escala.

Pondré algunos unos ejemplos para entender mejor a qué me refiero. Si los docentes tenemos que enseñar Historia, lo más común y lo que dicen muchos de los programas que nos han impuesto, cuando vemos la Revolución Mexicana, es saturar a los alumnos con fechas y datos que, muchas veces, los asustan y en vez de acercarlos a la materia, se alejan porque no se identifican. Siendo sinceros, la Historia, por esa dificultad, vendría a ser el equivalente de las matemáticas de las Humanidades. Podrían intentar varios métodos pedagógicos, pero difícilmente tendrán una experiencia distinta. Si empleamos la literatura, podría ser que los estudiantes tengan una mejor experiencia. Qué pasaría si en lugar de usar un libro común de historia, nos empleáramos en la tarea de elegir una obra con la que se puedan identificar, porque recordemos que la literatura trata de la condición humana. Por ejemplo, Los de abajo (1915), de Mariano Azuela, una obra escrita de manera simultánea con el movimiento armado. Su autor reporteó el acontecimiento para un diario. Su lectura les daría una lección más apegada a lo que se escribía en paralelo, también los acercaría a algo más humano, eso es lo que seduce de la literatura. Aplicaríamos la máxima de Horacio de que “lo que se inventa para deleitar debe ser verosímil, […] deleitando al lector e instruyéndolo a un tiempo”.[12] Ahora, usar este libro, quizá es un tópico, pero qué sucedería si vamos más allá como profesores comprometidos con el cambio, e integramos también obras de autoras, para ir equilibrando el canon literario mexicano que, como muchos, ha sido dictado por el patriarcado. Podríamos hablar de Cartucho (1931), de Nellie Campobello, escritora que lamentablemente ha sido soslayada y es hora de restituirla en las aulas porque parecería que las mujeres no fueron testigos de la revolución. Otras olvidadas son Juana Belén Gutiérrez, Consuelo Delgado, Magdalena Mondragón, Benita Galeana, entre otras. Un libro que funciona para comprimir dos procesos históricos como la Revolución Mexicana y la Guerra Cristera, sería Los recuerdos del porvenir (1963), de Elena Garro, otra autora acallada por el sistema… qué coincidencia que los libros escritos por hombres sean parte del canon, pero los ideados por las mujeres hayan sido ignorados. Sin duda, Los de abajo de Azuela es un imperdible, pero no desaprovechemos la libertad de cátedra y nuestro poder de cambiar la educación arcaica. Con estos ejemplos, queda claro que es mucho más fácil impregnar con una historia seductora los hechos históricos, porque, según Adolfo Bioy Casares “el recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo”.[13] Si leyéramos El eterno femenino (1975), de Rosario Castellanos, en una clase de literatura mexicana del siglo XX, no solamente aprenderíamos de teatro, folclor, historia, sino que también nos ofrecería una mirada profunda del feminismo desde los ojos de su autora que, aunque tuvo una vida privilegiada, fue consciente y empática con las necesidades de las mujeres de su época. Aunque lo más sencillo sería utilizar lecturas canónicas, creo que tenemos otra responsabilidad, sobre todo estas nuevas generaciones.

Para este texto que en un principio fue una conferencia, revisé el programa de la Licenciatura en Enseñanza y aprendizaje del Español en Educación Secundaria de la Escuela Normal Superior de Querétaro, es vigente y propositivo. Me llamó la atención que llevaran materias novedosas como Formación e identidad profesional docente, Acercamiento a prácticas educativas y comunitarias, Comprensión y producción de textos académicos, Didáctica e inclusión educativa, Didáctica de la oralidad, Didáctica de la escritura, Historia de la educación en México. Retos actuales, Didáctica en la lengua y la literatura, entre otras. Materias que les dan una visión real y actual del país, porque como dijo Malcolm Forbes, “el propósito de la educación es reemplazar una mente vacía con una abierta”[14] y esas propuestas es lo que generan en el alumnado.

La Pedagogía tiene quizá más responsabilidad que otras carreras, ya que es parte de los cimientos que sostienen un país, que es la educación. Las materias mencionadas son, de cierta manera, las encargadas de proponer soluciones a problemas actuales. Como ejercicio, el alumnado de la Escuela Normal Superior de Querétaro podría leer libros que tengan supuestos que aperturen el debate, por hablar de un caso, Elogio de la educación (2015), de Mario Vargas Llosa, obra que nos hace “darnos cuenta del verdadero alcance que tiene la literatura en nuestra educación”[15] o La (des)educación (2003), de Noam Chomsky, un ensayo que “critica que los sistemas educativos de su país no fomentan el espíritu crítico en los estudiantes”,[16] es interesante porque ahí “desmonta los modelos educativos y además subraya el papel del docente como figura clave para educar a las y los alumnos en el pensamiento crítico”.[17] Aunque en esa propuesta el autor la aterriza en el caso de Norteamérica, nos serviría para dirigirnos a lo que sucede en México. Asimismo, llamaron mi atención otras materias del programa en Enseñanza y aprendizaje del Español que ensanchan las ambiciones de los estudiantes, como la gestión de proyectos culturales y educativos, práctica profesional y vida escolar y proyectos de investigación docente, que incentivan a pensar en otras direcciones y alternativas del campo laboral en los rubros de gestión e investigación, ambos necesarios. En ellas como docentes podríamos incitar a los alumnos a desarrollar investigaciones relacionadas con cultura y literatura. Es decir, lo que leerán en las demás materias, y lo que les agrade, pueden darle continuidad realizando un trabajo propositivo que tenga miras de introducirlos en el mundo de los artículos en revistas indexadas o de futuras tesis y así abrir su panorama laboral al campo de la investigación, tan necesario en nuestra nación. Igualmente, tener incubadoras de proyectos culturales, como supuestos festivales, ferias del libro, organización de coloquios, congresos, todos ellos, relacionados con el campo de la educación. En cuanto a la literatura, la malla curricular de dicha licenciatura cubre satisfactoriamente las necesidades de los que mañana serán egresados. Van desde la redacción, la teoría literaria, diseño de material didáctico con énfasis en literatura, pero con gusto vi la materia de seminario de apreciación literaria con énfasis en formas emergentes de la literatura y literatura regional. La primera porque se enfrenta a las nuevas manifestaciones literarias que llegaron gracias al internet y la segunda no pierde de vista que en la literatura se está buscando regenerar y descentralizar el canon, rescatando, con justicia, lo escrito en el interior de la república, ya que es urgente, como en los demás estados, escribir una historia literaria de Querétaro. De más fue interesante leer que tienen un taller de escritura creativa, porque las mismas lecturas los inspirarán y propiciarán que creen sus propios textos, de cualquier género.

A lo que quiero llegar es que hay una urgente necesidad de crear una nueva perspectiva en los modelos didácticos que se centre: “no sólo en la alfabetización de la población, sino en la formación de lectores críticos autónomos y con capacidad de hacer diversos usos de la cultura escrita de sí mismos y de los demás”.[18] En nuestro país, el nivel del analfabetismo es del 4.7% de la población que, aunque parezca poco, es considerable. Resulta preocupante que ese porcentaje no se reduzca, porque sabemos que el analfabetismo equivale a que la sociedad tenga otros problemas que implican, sobre todo, las desventajas sociales. Por eso, como docentes, aunque se nos ha hecho creer lo contrario, tenemos una de las profesiones más trascendentales para edificar una nación sólida. La educación es la médula de la sociedad, en palabras de Nelson Mandela “la educación es el arma más poderosa que [se] puede usar para cambiar el mundo”.[19] A principios de los años veinte, del siglo pasado, José Vasconcelos se preocupó por esto cuando ideó la revista El Maestro (1921-1923), que estaba pensada para apoyar al magisterio, en donde se exhortaba a los intelectuales a unirse a esta noble labor y levantar un país, recién pasada la revolución.

Las prácticas educativas relacionadas con la literatura contribuyen a que el alumnado le dé al lenguaje una intención creativa, los invita a ampliar sus horizontes y sobre todo a que aprendan a comprender el mundo y expresarlo. En ese mismo sentido, esta disciplina “aporta diversas estrategias […] para cuestionar las convenciones sociales”.[20] México necesita ciudadanos que propongan y cuestionen y el libro nos ayudaría porque “la tarea de las y los escritores consiste en mostrar como el contexto social influye en la psicología personal”.[21]

Como dijo Andrueto, “la literatura es una metáfora de la vida”,[22] por eso permite “intuir otras realidades, vivir otras experiencias, conocer otras maneras de enfrentarse a la vida”.[23] Es decir, cada lectura nos enfrenta a un problema o situación de la vida, en diferentes pieles, diversos estratos sociales, personalidades, géneros, religiones, etc. Leer libros en las diferentes materias del plan curricular y no solamente en las relacionadas con el quehacer literario, es un ejercicio mental que permite:

diseñar itinerarios de lectura que tomen en cuenta las competencias y expectativas del alumnado, y que ayudan a crear contextos de referencia para hacer dialogar obras diversas, permitiendo al lector reconocer los ecos intertextuales que la conectan y que hacen progresar la interpretación para activar conocimientos literarios complejos.[24]

Cada experiencia lectora se convierte en un ejercicio que comprende, además de situaciones hipotéticas, contextos, temporalidades, lo que genera un conocimiento más complejo, ajustándolo a su tira de materias, las mismas lecturas les aportarían los ejemplos de gramática, temas de investigación, desarrollo de la adolescencia. Si leemos, por ejemplo, El periquillo Sarniento (1816), de Fernández de Lizardi o Grandes esperanzas (1861), de Dickens o Las batallas en el desierto (1981), de José Emilio Pacheco, nos empaparemos de los problemas sociales y políticos de éste y otros países. Según Carrillo (2018):

la literatura es un recurso educativo, desde el cual se trabajan los contenidos de la lengua y literarios, en sí mismos, además brindan la oportunidad de trabajar desde el plano emocional y sensorial los contenidos, favoreciendo el aprendizaje integral de los conceptos desde los dos hemisferios cerebrales, tal y como aconsejan las investigaciones en neurología.[25]

Lo que se traduce en excelentes resultados de formación de ciudadanos críticos con un equilibrio entre la cognición y la emoción, ahora que la salud mental ha ganado visibilidad. A esto hay que agregar lo tecnológico, en ese sentido:

la literatura digital es otra herramienta para la construcción diversificada de nuevas prácticas escolares, creando espacios de intercambio y construcción del aprendizaje. Los proyectos escolares que involucren la lectura de obras literarias es la opción óptima de metodología para aterrizar la didáctica de la literatura con extensión hacia el contexto educativo.[26]

Todo esto puede parecer ideal, utópico, pero es posible si con nuestros medios tratamos de hacer de cada futuro profesor un aliado que se sume a las filas de ese cambio. Porque si de algo estoy segura es que la educación cambia la vida de las personas. Ahí tienen el ejemplo de la película Sujo, de Fernanda Valadez y Astrid Rondero, filme en el que la premisa principal es que la educación puede cambiar el destino de un niño que ha nacido en una situación paupérrima, en donde parece ser que su única salida es enlistarse en un grupo del narcotráfico, aunque en el fondo desea estudiar Literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. La película es un buen ejemplo de cómo esta disciplina cambia vidas y cómo, los docentes somos capaces de transformar e inspirar a los alumnos y ponerlos en una buena dirección que mejore su calidad de vida.   

Según datos del INEGI del 2024, una persona adulta en promedio al año lee 3.2 libros, tristemente, la cifra más baja en seis años. En comparación con otros países, Finlandia es el país que más lee al año, 47 libros por persona, le sigue Islandia con 40 por habitante. Es fácil alarmarse de estas cantidades, pero el problema no es solamente nuestro, sino del sistema, el gobierno tampoco pone mucho de su parte, porque su responsabilidad es garantizar el acceso a la educación, pero para asegurar las lecturas, se deben fortalecer las bibliotecas. Es increíble que un problema que, durante posrevolución, fue atendido, como dije, por José Vasconcelos junto con otros intelectuales, dentro de la cruzada nacionalista, alfabetizando y edificando un gran número de bibliotecas a lo largo y ancho de la república, no haya tenido continuidad, al contrario, se han ido empobreciendo y deteriorando.

 En ese momento la solución fue edificar espacios, crear revistas literarias que fueran repartidas gratuitamente, como El Libro y El Pueblo, que nació para “llenar el vacío de la prensa independiente del país y dentro de las publicaciones oficiales de la SEP”,[27] además de “cultivar el amor a la lectura y, sobre todo, la misión de enseñar la manera de ahorrar tiempo, indicando qué leer y, muy importante, dónde se podía leer”.[28] El punto era entregarla, sin discriminación, en cualquier sector de la población y editar libros que fueran repartidos gratuitamente, desde los niños, hasta los adultos, como el caso de la colección conocida como los verdes, que eran traducciones de obras clásicas, porque el autor de Ulises criollo (1935), pensaba que la literatura debía ser democrática y no solamente para las élites. Ese fue un momento clave en la historia de nuestro país en el que se intentó salir de la ignorancia y el rezago, efecto y culpa, como siempre, de los malos gobiernos.

Casi 100 años después seguimos con el mismo problema. Es hora de hacer frente a esta nueva tarea que es construir generaciones con una sensibilidad que esté a la altura de la problemática actual que, sin lugar a duda, solamente se conseguirá si empleamos la literatura y otras artes como base para nuestras clases. En la literatura tanto universal como nacional o regional hay diversos ejemplos en donde se mezcla el arte, la cultura, la sociedad, los tipos de escritura de cada nación o de cada rincón del mundo. Esto se traducirá en egresados preparados para hacer frente a los retos que se hicieron aún mayores después de la pandemia.

No es posible postergar que México siga siendo un país en el que casi no se lee, pero sí donde se consume más internet. Considero que es un deber además de los gobiernos, de los padres de familia y de los profesores implementar en los alumnos el amor por la literatura, o como diría Antonio Acevedo Escobedo, hacer que se intoxiquen con el veneno de las letras[29] o bien, hacer honor a que “la literatura requiere de amantes y no de adeptos”.[30]

A los docentes nos corresponde inspirar a nuestros alumnos el apego por las artes, por lo bello, por lo estético, por todo aquello que nos convierte en seres más sensibles. Es momento de volver a los valores más primigenios del humano, volvernos más analíticos, críticos y la literatura es lo único que nos puede salvar. Otra necesidad urgente es que como docentes vayamos cambiando el canon, equilibrándolo, hay que leer más literatura escrita por mujeres, para empezar a entender la historia desde ese punto de vista y así enmendar una deuda histórica que tenemos pendiente.

Gracias a la libertad de cátedra tenemos la posibilidad de cambiar los programas educativos para que no sean repetitivos y no leamos más de tres veces Aura (1962), de Carlos Fuentes o más de cinco veces El laberinto de la soledad (1950), de Octavio Paz, que son libros, aunque importantes, con una lectura de ellos basta, porque hay otros en una lista de largas omisiones que nos dicen más acerca de nuestra historia como mexicanos, por eso es importante que comencemos a ver en cada clase los temas y así buscar el libro que los ilustre. De esa manera nos emplearíamos en la tarea de cultivar a los alumnos mental y estéticamente. Es decir, no hay que perder el tiempo y como en muchos otros países, en donde se centran en verdad en preparar para la vida real, usemos la literatura como herramienta auxiliar para lograr ese cometido.

Sé que puede sonar difícil, sería ir contra el sistema, pero si no alteramos ese sistema, difícilmente accederemos a una libertad y como profesores tenemos una gran responsabilidad con nuestro alumnado, no les podemos fallar. Debemos funcionar como inspiración para nuestros alumnos, prediquemos con el ejemplo. Seamos profesores de este tiempo, hay que entender el mundo actual, y aunque hay veces que hay cosas que nos parecen absurdas, es importante entender las inquietudes de los jóvenes, todo nos sirve para generar conocimiento pedagógico desde distintos puntos de vista, hay que apoyarlos, incentivarlos. Es momento de redignificar esta profesión que muchos gobiernos han intentado menospreciar. Necesitamos profesores en las aulas que sean competentes y tengan vocación, sería perfecto contar con pedagogos que se inmiscuyan en los materiales proporcionados por la Secretaría de Educación Pública, en contenidos televisivos, de plataformas digitales, como Podcast, YouTube, Instagram, TikTok, porque la carencia de ellos en estos medios está generando vacíos que están siendo ocupados por personas no aptas que adolecen tanto de formación como de sensibilidad y que lamentablemente se están convirtiendo en referentes para la juventud de hoy en día.  

 

REFERENCIAS

 

Acevedo Escobedo, Antonio. “Cinco escritores en olvido”, en Rostros ante el espejo, 135-154. México: Seminario de Cultura Mexicana, 1974.

Aristóteles. Poética. México: Colofón, 2001.

Cedeño Carranza, Leyda María, Jipson Lenin Vera Pazmiño, Jonathan Luis Monserrate Sarmiento, Tereza Jazín Urquizo Miranda y Michel Leonor Veloz Estrada, “Planeación curricular: elemento fundamental en el proceso de enseñanza-aprendizaje en la Educación Ecuatoriana”, en Ciencia Latina Revista Científica Multidisciplinar, vol. 8, núm. 2, marzo-abril (2024): 6657-6667. https://ciencialatina.org/index.php/cienciala/article/view/11082/16267

Chomsky, Noam. La (des)educación. España: Crítica, 2018.

Gurung, Binod y Amparo Clavijo Olarte. “Pedagogías emergentes en contextos cambiantes: pedagogías en red en la sociedad del conocimiento”. Enunciación, vol. 20, núm. 2, (julio-diciembre 2015): 271-286.

Horacio. Arte poética. Madrid: Real de la Gazeta, 1778.

Mendoza, Carmen Cecilia. “La pedagogía como ciencia: notas para un debate”.  Investigación y posgrado (Caracas), vol, 19, núm. 2, julio (2004): 229-240.

Mora Vicarioli, Francisco. y Salazar Blanco, Kathya. “Aplicabilidad de las pedagogías emergentes en el e-learning”. Revista de ensayos pedagógicos, vol. 14, núm. 1, (enero-junio 2019): 125-159.

Peña García, Sibele Nadalya. “La didáctica de la literatura”. Panorama (Politécnico Grancolombiano), núm. 32, enero-junio (2023): 5-14.

s/a. El Libro y el Pueblo, núm. 1 (1 de marzo de 1922).

Toledo Lara, Gustavo. “Pedagogías emergentes: una aproximación exploratoria”. Aposta. Revista de ciencias sociales, núm. 98, (2021): 98-113, http://apostadigital.com/revistav3/hemeroteca/toledolara.pdf

Vargas Llosa, Mario. Elogio de la educación. Taurus: España, 2015.

 

 

 

 

 



[1] El 8 de mayo de 2025 fui invitada por la Escuela Normal Superior de Querétaro a impartir la conferencia inaugural del 1er Simposio Nacional de Creación Literaria “La vida secreta de los libros”. Este artículo es una versión extendida.

[2] Licenciada en Letras por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Cuernavaca, México; maestra en Literatura Hispanoamericana por El Colegio de San Luis, San Luis, México; y doctora en Literatura Hispánica por la misma institución. Tiene un posdoctorado en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, donde actualmente labora y es profesora en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma institución y da cátedra en el posgrado en Literatura en El Colegio de Morelos. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel I. Es fundadora de Eureka: Seminario Permanente de Investigación y Restitución de Autoras y Autores Mexicanos del Siglo XX. Correo electrónico: daynadiazu@filos.unam.mx ORCID: https://orcid.org/0009-0002-7337-7362

[3] Gustavo Toledo Lara. “Pedagogías emergentes: una aproximación exploratoria”, en Aposta. Revista de ciencias sociales, núm. 98, (2021):100.

[4] Gustavo Toledo Lara. “Pedagogías emergentes: una aproximación exploratoria”, 99.

[5] Leyda María Cedeño Carranza et. al., “Planeación curricular: elemento fundamental en el proceso de enseñanza-aprendizaje en la Educación Ecuatoriana”, en Ciencia Latina Revista Científica Multidisciplinar, vol. 8, núm. 2, marzo-abril (2024): 6659. https://ciencialatina.org/index.php/cienciala/article/view/11082/16267

[6] Gustavo Toledo Lara. “Pedagogías emergentes: una aproximación exploratoria”, 101.

[7] Gustavo Toledo Lara. “Pedagogías emergentes: una aproximación exploratoria”, 101.

 

[8] Francisco Mora Vicarioli y Salazar Blanco, Kathya. “Aplicabilidad de las pedagogías emergentes en el e-learning”, en Revista de ensayos pedagógicos, vol. 14, núm. 1, (enero-junio 2019): 128.

[9] Gustavo Toledo Lara. “Pedagogías emergentes: una aproximación exploratoria”, 102.

[10] Aristóteles, Poética (México: Colofón, 2001), 70-71.

[11] Octavio Paz dixit.

[12] Horacio, Arte poética (Madrid: Real de la Gazeta, 1778), XVIII-XIX.

[13] Adolfo Bioy Casares dixit.

[14] Malcolm Forb dixit.

[15] Vid. Cuarta de forros de Mario Vargas Llosa, Elogio de la educación (Taurus: España), 2015.

[16] En Noam Chomsky, La (des)educación, (España: Crítica, 2018).

[17] Noam Chomsky, La (des)educación.

[18] Robledo en Sibele Nadalya Peña García, “La didáctica de la literatura”, Panorama (Politécnico Grancolombiano), núm. 32, enero-junio (2023): 5.

[19] Nelson Mandela dixit.

[20] Sibele Nadalya Peña García, “La didáctica de la literatura”, 5.

[21] Tom Wolfe dixit.

[22] Andrueto en Sibele Nadalya Peña García, “La didáctica de la literatura”, 5.

[23] Calvo en Sibele Nadalya Peña García, “La didáctica de la literatura”, 5.

[24] Nolnari, en Sibele Nadalya Peña García, “La didáctica de la literatura”, 5-6.

[25] Carrilo en Sibele Nadalya Peña García, “La didáctica de la literatura”, 6.

[26] Sibele Nadalya Peña García, “La didáctica de la literatura”, 11.

[27] s/a, El Libro y el Pueblo, núm. 1 (1 de marzo de 1922), 1.

[28] s/a, El Libro y el Pueblo, núm. 1 (1 de marzo de 1922), 1.

[29] Antonio Acevedo Escobedo, “Cinco escritores en olvido”, en Rostros ante el espejo, (México: Seminario de Cultura Mexicana, 1974), 136.

[30] Federico García Lorca dixit.