ANDRÉS DE URDANETA: NAVEGANTE, EXPLORADOR, FRAILE. SU INFLUENCIA EN LA PRIMERA GLOBALIZACIÓN DEL SIGLO XVI

Andrés de Urdaneta: sailor, explorer, friar. His influence on the first wave of globalization in the 16th century

 

JOSÉ LUIS ESPINOSA PIÑA[1]

FECHA DE RECEPCIÓN: 25 DE FEBRERO DE 2026                                 

FECHA DE ACEPTACIÓN: 28 DE JULIO DE 2026

 

 

RESUMEN

 

Los viajes de exploración que desde Europa comenzaron a finales del siglo XV y continuaron durante el siglo XVI desencadenaron una serie consecuencias en todos los campos de la actividad humana. En ese contexto, fue esencial la determinación de navegantes y exploradores que al servicio de España y Portugal descubrieron mares y territorios que hasta entonces eran desconocidos para los occidentales. Este trabajo se centrará en la figura y circunstancias históricas que rodearon a uno de los más avezados navegantes del siglo XVI: el fraile, cosmógrafo y explorador Andrés de Urdaneta, protagonista del primer proceso de integración mundial. El papel de Urdaneta en la consecución del Tornaviaje —el derrotero desde las Filipinas hasta la Nueva España— fue determinante. Trazó la primera ruta comercial interoceánica a gran escala de la historia, en 1565. El itinerario de la Nao de Manila fue el hito de intercambio económico, cultural y social más relevante de los siguientes dos siglos y medio. En este escrito se aportarán argumentos sobre la relevancia coyuntural del personaje —probablemente el navegante más cualificado de mediados del siglo XVI para conducir esa desafiante travesía—, sus conocimientos únicos sobre el Océano Pacifico y su condición actual de poco reconocimiento pese a su insustituible rol en aquella hazaña.

 

Palabras clave: Urdaneta, globalización, mundialización, Tornaviaje, Galeón de Manila, Filipinas.

 

 

ABSTRACT   

 

The maritime exploration voyages that began in Europe in the late 15th century and continued throughout the 16th century triggered a series of consequences across all fields of human activity. In this context, the role played by the navigators and explorers who, in the service of Spain and Portugal, discovered seas and territories previously unknown to Westerners was essential. This article will therefore focus on one of those men, one of the most skilled navigators of the 16th century: the friar, cosmographer, and explorer Andrés de Urdaneta, a true protagonist of the first process of global integration. Urdaneta’s decisive figure—being the first to achieve the so-called Tornaviaje (the return route from the Philippines to New Spain)—mapped the first large-scale interoceanic trade route in history (1565). The voyage of the Manila Galleon became the most significant milestone in economic, cultural, and social exchange over the next two and a half centuries. This article will present arguments highlighting the crucial importance of this navigator—probably the only one of his time qualified to design and undertake such a route—his unique knowledge, and his current lack of recognition despite his irreplaceable role in that feat of immense historical impact.

 

Key words:  Urdaneta, globalization, Tornaviaje, Galeón de Manila, Philippines.

 

 

Introducción

A finales del siglo XV los europeos se habían lanzado con audacia y determinación en busca de nuevas rutas comerciales hacia oriente, después de la violenta irrupción de los turcos otomanos y su toma de Constantinopla en 1453, hecho que provocó el encarecimiento de los productos provenientes de Asia a través de la antigua ruta de la seda. En aquel momento fueron Castilla (posteriormente el Reino de España) y Portugal quienes tomaron la delantera en la exploración geográfica buscando vías alternativas para el intercambio comercial. De esa manera, con la caída de la capital del Imperio Romano de Oriente se ponía fin a la Edad Media, y tanto el Reino de Castilla —ya unificado con el Reino de Aragón bajo el mandato de los Reyes Católicos— como el sólido Reino de Portugal, eran las naciones que entonces tenían las capacidades técnicas, científicas, materiales y humanas para emprender la exploración del mundo. Otras circunstancias históricas y políticas añadirían el impulso necesario: España había consolidando su unificación  política en 1492 con la conquista de Granada, el mismo año en que Cristóbal Colón arribó a tierras americanas creyendo haber llegado a Las Indias. Portugal había acabado con toda presencia de poder político musulmán en su territorio desde un siglo antes. Así pues, hacia finales del siglo XV aquellos territorios al otro lado del Atlántico eran desconocidos para Europa.[2]

En esa coyuntura histórica, los exploradores ibéricos —mostrando singular audacia y valor—emprendieron viajes oceánicos inauditos, navegando por lugares donde ningún barco europeo había transitado, de tal forma que se fue configurando el perfil del mundo gracias a los cartógrafos que participaron en esas expediciones.[3] Aquellos hombres exhibieron un espíritu inquebrantable que les llevó a ser los primeros en rodear los continentes y finalmente circunnavegar el planeta, iniciando un proceso de intercambio comercial, económico, cultural y político que continúa hasta nuestros días. En el comienzo de ese proceso a escala continental, fueron los españoles quienes definieron el patrón de los metales, principalmente la plata, para las operaciones internacionales. El respaldo en plata que venía de América, para la emisión del papel moneda que habían inventado los chinos, fue uno de los detonantes de la llamada primera globalización.[4]

Ese comercio a gran escala que surgió en el siglo XVI y se consolidó en los siglos XVII y XVIII, así como la definición del patrón de intercambio en metálico, no habrían sido posibles sin esos viajes de exploración iniciados y financiados por españoles y portugueses. A pesar de los altísimos riesgos económicos y pérdidas humanas que tuvieron que asumir, la apuesta de aquellos emprendedores acrecentó el conocimiento de las rutas marítimas y llevó a sus naciones a un liderazgo comercial que otros tardaron mucho tiempo en alcanzar. Sobre todo se destacó una travesía, la más importante de ellas, que durante al menos doscientos cincuenta años vendría a enlazar al continente asiático con el americano y a su vez a éste con Europa. La nueva ruta fue descubierta gracias a los conocimientos y habilidades de un curtido fraile agustino, que además era un excepcional hombre de mar: Andrés de Urdaneta y Ceráin.  Sin el cúmulo de saberes y experiencias acumulados por Urdaneta en los años de largas expediciones oceánicas en las que participó, el llamado Tornaviaje —el regreso seguro a América por el Océano Pacífico desde las costas de Asia— habría demorado muchos años en lograrse.[5] Por ello el papel fundamental de Urdaneta en esa hazaña fue determinante para la llegada de la que podría considerarse como la primera globalización. Ese término término ha recibido tantas definiciones como autores, pero en este trabajo abordaremos preferentemente la vertiente económico-político-cultural.

La manufactura de esta globalización sin duda fue española, aunque otras naciones se hayan adjudicado la primacía en diferentes momentos.  Para el francés Edgar Morin, la llegada de la edad moderna es en realidad el arribo de la Era Planetaria, definida por la posibilidad de la comunicación entre las distintas partes del  planeta.[6] Esta Era se inicia con el descubrimiento de que la Tierra es solo un cuerpo celeste esférico entre otros similares en el cosmos (la expedición Magallanes-Elcano comprobó esa esfericidad en 1522). Por aquellos mismos años Copérnico realizaba sus observaciones astronómicas, estudiaba y escribía apuntes sobre un modelo heliocéntrico. Los descubrimientos geográficos y los descubrimientos científicos que ocurrían a la par, llevaron a los europeos a la comprensión de dos cosas fundamentales: que la Tierra era un mundo esférico que podía rodearse navegando por masas oceánicas que se comunicaban, y que nuestro planeta no era el centro del sistema solar.

El encuentro de dos mundos ocurría en 1519, sobre todo al entrar Hernán Cortés en contacto con Moctezuma y la civilización mexica[7], con consecuencias complejas y no exentas de dolorosos episodios. Mientras tanto la expedición de Magallanes y Elcano recorría los océanos en la primera circunnavegación terrestre.[8]  Al igual que la Tierra ya no será más el centro del cosmos, Europa dejará de ser el centro del mundo debido a luz aportada los viajes de exploración oceánica del siglo XVI. Juan Sebastián Elcano no solo completó la primera vuelta al mundo en toda su redondez sino que comprobó que todos los océanos estaban unidos y que las dimensiones de la Tierra eran mucho mayores a las que se creían. Los nuevos conocimientos producto de las observaciones astronómicas y geográficas hechas en aquellos viajes permitirían notables progresos en la geografía y la navegación posterior.

El presente trabajo se sustenta en una metodología de investigación cualitativa de carácter histórico-documental, orientada a la reconstrucción crítica y a la interpretación del papel de Andrés de Urdaneta en el establecimiento del Tornaviaje y, por extensión, en el proceso conocido como primera globalización o mundialización. Para ello, el análisis se apoya en un marco teórico-conceptual de carácter interdisciplinario que articula la historiografía marítima con la sociología histórica de la globalización, retomando las categorías analíticas propuestas por autores como Ulrich Beck, Aldo Ferrer, José Luis Sampedro, Edgar Morin y Carlos Castillo Peraza, así como los planteamientos específicos sobre la primera globalización española de Martínez Shaw y Rodríguez González. A partir de este marco se aplicó un método histórico narrativo-descriptivo, complementado con un análisis comparativo entre los distintos intentos de Tornaviaje (Saavedra, Villalobos, Loaysa) y la expedición finalmente exitosa de 1565, con el fin de identificar los factores diferenciales, conocimiento acumulado, pericia náutica, dominio de vientos y corrientes, que explican el éxito de Urdaneta.

Para lograr el objetivo de este trabajo, el escrito se divide de la siguiente manera: 1) la primera globalización es mundialización; 2) Magallanes, Elcano y la primera circunnavegación de la historia; 3)Urdaneta, Elcano y la expedición de Jofré de Loysa; 4) Urdaneta en la Nueva España; 5) Urdaneta: marinero, cosmógrafo, hombre extraordinario; y, por último, 6) el legado de Urdaneta.

 

La primera globalización es mundialización

Como ya se ha mencionado, el concepto de globalización es complejo y amplio, ya que se utiliza en varios contextos con diversos alcances y significados. En el ámbito académico suele usarse el término globalización para referirse mayormente a fenómenos económicos y sociológicos que conlleven relaciones de integración entre comunidades.[9] De esta manera, para el sociólogo Ulrich Beck, se entiende por globalización a aquellos procesos por medio de los cuales los estados nacionales soberanos se integran e imbrican a través de entes trasnacionales y sus entramados de poder, con identidades y orientaciones determinadas.[10]  Para efectos de este trabajo, compartimos las opiniones de autores que a continuación mencionaremos, empezando por Aldo Ferrer, quien señala que la actual globalización desde una perspectiva amplia forma parte de un proceso mayor iniciado en 1492 con la conquista y colonización de América por parte de los españoles.[11] En una orientación economicista, para José Luis Sampedro el término globalización está referido y relacionado con la economía del mundo.[12] Este investigador define la globalización actual como una serie de centros o unidades geográficas con fuerte poder económico y propósitos lucrativos vinculados por intereses similares, por cuyas decisiones se establece una dominación de los mercados mundiales, especialmente los financieros, aprovechando la tecnología más avanzada y la carencia o debilidad de medidas regulatorias. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española registra la entrada Globalización señalando que es: «la tendencia de los mercados y de las empresas a extenderse, alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales».[13]

Pero no es en ese sentido del término globalización hacia donde se encamina este trabajo. Se hablará aquí de la llamada primera globalización, concepto utilizado por muchos autores, entre ellos Martínez Shaw,[14] Rodríguez González,[15] Edgar Morin[16] y Ribelles y Codes[17] para explicar que más allá de las motivaciones económicas, la acción de los navegantes españoles —pioneros de mares y tierras ignotas— inició un proceso de integración mundial en sus aspectos más humanos. La primera globalización española se caracterizó por haber desarrollado el primer sistema de navegación marítima global del planeta, lo cual queda ejemplificado con el Galeón de Manila, que conectó los continentes de Europa, Asia y América. Pero también se tuvieron otros efectos inmediatos: la creación del derecho internacional moderno, la expansión de nuevos cultivos por el mundo, la ampliación de los productos susceptibles de comercio y el fenómeno del mestizaje.[18]  Otras consecuencias notables que ocurrieron por el intercambio de microorganismos, gérmenes y enfermedades, así como acciones de violencia y dominación, no son materia de este trabajo. Son tópicos para futuros trabajos y publicaciones.

Edgar Morin utiliza el término mundialización,[19] cosa que también hace Castillo Peraza para hablar del encuentro humano que propició una serie de fenómenos biológicos, económicos, sociales, políticos, culturales y religiosos que ocurrieron a partir de los viajes de exploración e interacciones de diversa índole durante el siglo XVI.[20] Este texto se avendrá a esa misma delimitación, la cual no es excluyente de otros fenómenos sociológicos o demográficos que a partir de entonces surgieron. Como señalamos en líneas anteriores, Morin habla incluso de una Era Planetaria, la cual “se inicia con las primeras interacciones microbianas y humanas, luego con los intercambios vegetales y animales entre el Antiguo y el Nuevo Mundo”.[21]  Para este sociólogo el termino mundialización es más claro y apropiado para hablar de la totalidad de la complejidad de lo humano. Esta complejización dio paso a una occidentalización del mundo.[22]

 

Castillo Peraza explica que la palabra globo proviene del latín globus, y no de algún vocablo inglés.[23] Esa palabra entró en uso a mediados del siglo XV y se utilizó como equivalente a bola o esfera. En ese sentido, los matemáticos y navegantes del pasado orientaron sus afanes a demostrar que la tierra era una esfera, es decir un globo, atendiendo a su forma. Toda vez que los viajes realizados comprobaron que así era, se elaboraron los primeros globos terráqueos. Por otro lado, la palabra mundo viene de mundus, vocablo que apareció en la lengua castellana desde el siglo XII, lo cual lo hace más antiguo. Con esa palabra se hacía referencia al sitio habitado por los seres humanos, de tal suerte que suele hablarse del inframundo (no del infra globo), de el otro mundo y del supra mundo.[24] De esta forma se clarifica la naturaleza de cada concepto. «Los hombres que salieron de Europa con el propósito de probar que el planeta era un “globo”, desde el momento en que hallaron seres humanos en las primeras islas con que se tropezaron, llamaron a su descubrimiento “nuevo mundo” y no “nuevo globo”».[25] 

El globo se convirtió por consecuencia desde entonces y hasta el día de hoy en el espacio de lo físico, lo científico, lo numérico, lo geométrico.  Por el contrario, el mundo es «lo humano, lo nuevo, los otros como yo, lo otro: las lenguas humanas […], las otras costumbres de las otras personas, las otras historias y las otras culturas de los otros, mis o nuestros semejantes».[26] 

            El frecuentemente llamado «Descubrimiento de América» y la posterior primera circunnavegación del mundo emprendida por Magallanes y Elcano, propiciaron el desarrollo de nuevas rutas marítimas y el consecuente comercio por esa vía. Esto se extendió hasta el siglo XIX cuando los procesos de emancipación de las repúblicas americanas concluyeron con la pérdida para España de sus últimas posesiones de ultramar (Filipinas, Cuba, Puerto Rico y los archipiélagos del Pacífico) como consecuencia del creciente poderío militar estadounidense.

En respuesta y como resultado de todo aquello, asistimos en aquel siglo XVI a la creación del Derecho Internacional, ese al que Francisco de Vitoria llamó derecho de gentes, es decir el derecho de los hombres organizados en naciones.[27]  Se desarrollará entonces el Derecho Marítimo y otra serie de fenómenos como el mestizaje, el intercambio lingüístico y el sincretismo religioso. En este ensayo, además de coincidir con esos conceptos, se aportan argumentos sobre la aportación determinante y medular de Andrés de Urdaneta en ese proceso.

 

Magallanes, Elcano y la primera circunnavegación de la historia

La inmensa hazaña de la primera vuelta al mundo efectuada por la expedición Magallanes-Elcano (1519-1522) permitió tener el primer conocimiento —precario aún— del más grande de los océanos terrestres: dimensiones, vientos, corrientes marinas, constelaciones, mapas y latitudes. Magallanes y su tripulación, pioneros de la navegación por el Pacífico, después de haber pasado por enormes vicisitudes y penurias llegaron a las Islas Filipinas, muy próximas a las Molucas —las islas de las especias ya conocidas por él debido a las referencias recibidas en cartas escritas por amigos portugueses—.[28] Las especias como el clavo, la canela y la nuez moscada solo germinaban en aquellos remotos parajes y en Europa tenían un precio muy alto, tanto como el del oro.[29] En el año de 1512 Magallanes había estado en la península de Malaca al servicio de Afonso de Albuquerque, muy cerca del Maluco (así es como se llamaba en los textos antiguos a dichas islas) habiendo llegado hasta allí en travesía por el otro lado de la Tierra, en la ruta descubierta por Vasco da Gama y ya para entonces transitada por unos cuantos expedicionarios portugueses. Fernando de Magallanes, convertido entonces en comandante de la expedición a las Molucas al servicio de España, salió de Sanlúcar de Barrameda en 1519 con cinco navíos. Logró encontrar el ansiado paso hacia el otro océano —por el estrecho que lleva su nombre— y meses después perdió la vida en las islas de las especias, en un infortunado enfrentamiento con un grupo de indígenas bajo las ordenes de Lapulapu, el 27 de abril de 1521. La tripulación que había sobrevivido hasta entonces finalmente eligió a Juan Sebastián Elcano como su capitán, quien tomo la decisión de continuar con el itinerario de las Molucas para completar la misión, pues esas eran las indicaciones establecidas en las capitulaciones, en las cuales jamás se mencionó que el propósito fuera el de dar la vuelta al mundo.[30]

         Elcano hace la propuesta de completar la circunnavegación a sus compañeros y entre todos acuerdan que la nao Victoria, la única que quedaba en condiciones de uso, retornase a España navegando por el occidente, en una ruta inédita. De esta manera Elcano completó la hazaña al lograr atracar en el mismo puerto de Sanlúcar de Barrameda, a donde retornaron el 6 de septiembre de 1522. A bordo de la maltrecha nao Victoria llegaron solamente 18 hombres. La noticia le fue transmitida rápidamente al emperador Carlos I quien días después recibió a Elcano con gran expectativa, concediéndole un escudo de armas con la leyenda Primus circumdedisti me (Fuiste el primero en circunnavegarme). La nao Victoria pudo traer a salvo 27 toneladas de clavo, cuyo valor pudo costear la totalidad de la expedición y aún quedando algo de utilidad.[31]

         La ambición por las islas de las especias fue un foco de tensión permanente entre España y Portugal, pero mientras ambos reinos estuvieron en esa disputa, la corona española preparó una segunda expedición con el propósito de tomar posesión del Maluco y sentar una base permanente allí. Para esta segunda aventura, conocida como la expedición de García Jofré de Loaiza —o Loaysa en los textos de origen vasco—, fue invitado como jefe de navegación el ya famoso y experimentado capitán Juan Sebastián Elcano. Al no ser de origen noble, le correspondió a Loaysa la condición de capitán general, pero éste sabía bien que Elcano era en aquel momento el mayor conocedor de navegaciones por la mar océano y que además había estado ya en el archipiélago de destino, habiéndolo recorrido a suficiencia.[32] Loaysa tuvo a bien procurarse la amistad de Elcano, lo que permitió a este militar y buen hombre contar con la lealtad del legendario guipuzcoano. Así pues se despertó el interés de muchos por invertir en un viaje así, esperando obtener buenas ganancias. La expedición partió de La Coruña en el año de 1525 con siete navíos y cerca de 450 hombres. Resultó un fracaso en términos comerciales pero sumamente importante en cuanto a los descubrimientos astronómicos, de vientos y corrientes, así como cartográficos y científicos que se obtuvieron. El viaje duró 11 años y al final regresarían a España solo nueve hombres sobrevivientes de aquella fatídica expedición.[33]  De tal odisea surgió un tenaz y excepcional personaje, que adquirió conocimientos especiales y desarrolló capacidades de gran significado para los años posteriores: Andrés de Urdaneta (1508-1568), marino, cosmógrafo, militar, explorador y hacia el final de su vida, religioso de la Orden de San Agustín.

 

Urdaneta, Elcano y la expedición de Jofré de Loaysa

Andrés de Urdaneta y Ceráin nació en Villafranca de Ordizia, provincia de Guipúzcoa, en el País Vasco, Reino de España, en el año de 1508. Su padre había sido alcalde de su villa natal y el joven Andrés pudo tener acceso a libros y a una buena educación, mostrando un notable interés por el mar y por las matemáticas. Con tan solo 17 años Urdaneta se embarca en la expedición de García Jofré de Loaysa como paje o ayudante del ya famoso Juan Sebastián Elcano, el primero en lograr la vuelta al mundo.  En esa época el oficio de marinero se aprendía estando en alta mar, con la práctica, la mentoría y los años de experiencia, ya que entonces se carecía casi por completo de libros que enseñaran sobre el arte de navegar. Los escasos textos existentes en los primeros años de la navegación transoceánica tenían muchos errores de cálculo, por lo que los buenos navegantes además de ser letrados debían poseer algunos conocimientos matemáticos.[34] A lo largo de los siglos, la exploración de la Tierra había sido mediante navegación costera o de cabotaje, por ende las travesías en los grandes océanos fueron obra de pioneros quienes debieron hacer sus propios cálculos y observaciones astronómicas para determinar su posición tanto en la latitud como en la longitud. Correspondió a esos precursores la descripción de vientos, cielos, islas, cabos y corrientes marinas por todos aquellos sitios inéditos. 

Esa segunda expedición a las islas del Maluco (Molucas) sería el último viaje del gran Elcano —tan apreciado por el emperador Carlos gracias a su hazaña–  ya que encontraría la muerte en la inmensidad del Pacífico, al igual que el propio Jofré de Loaiza, jefe de la expedición. El joven Urdaneta, que durante el viaje había aprendido todo lo posible del maestro de los mares que era Elcano, sería el escribano que redactó en alta mar el testamento de éste, permaneciendo con él en su lecho de muerte asegurándose de cumplir con sus instrucciones y postrera voluntad. El documento con la firma autógrafa de Urdaneta y de otros que formaban parte de la tripulación de la nao capitana así como su diario, se encuentran resguardados en el Archivo de Indias. Existen además algunas cartas y otros documentos sobre ese viaje que se conservan en el Archivo Nacional de la Torre del Tombo, en Lisboa.[35]

         La flota original de siete navíos bajo el mando de Loaysa que salió de La Coruña en 1525, se había dispersado a causa de las tempestades al salir del Estrecho de Magallanes. Después de incontables sufrimientos y muertes solamente la nao capitana Santa María de la Victoria consiguió llegar a las mencionadas islas, donde Urdaneta y sus compañeros hubieron de pasar tres años luchando contra los portugueses por el control de las Molucas, la única región conocida en aquel momento donde había clavo, esa especia tan valiosa como el oro. El Tratado de Tordesillas era interpretado en uno u otro sentido según los interesas de portugueses y españoles, y la disputa por las islas llevó a esos enfrentamientos armados.

         De toda esa serie de sucesos se tiene registro gracias al diario de Urdaneta, resguardado actualmente en el Archivo de Indias de Sevilla. En 1529 el emperador Carlos V vendió finalmente sus derechos sobre las islas a Juan III de Portugal. Andrés de Urdaneta y sus compañeros, ignorantes de ese hecho, sufrieron cárcel y maltratos a mano de los portugueses en aquella apartada región del mundo donde no podían ser escuchados por nadie más que por los nativos. Fue necesario que pasaran nueve años a la espera de una expedición que los llevara de regreso a Europa, lo que finalmente ocurrió en un barco portugués. Durante ese tiempo, Urdaneta recorrió las islas del archipiélago aprovechando para escribir y para ampliar los conocimientos marinos y geográficos, ampliando aquellos que le había transmitido su mentor Elcano. Observó los patrones de los vientos, la posición de las estrellas, las tormentas y las corrientes marinas en aquellas aguas; aprendió el idioma de los nativos y sus costumbres, incluso se casó con una indígena cristianizada. Fruto de aquel enlace tuvo una niña a la que bautizó con el nombre de Gracia, con la cual llego a Lisboa en junio de 1536.[36]

         Ya con 28 años, después de haber transcurrido más de una década desde su salida de España en la desdichada expedición de Loaysa, Andrés de Urdaneta y un puñado de compañeros más lograron volver por occidente a la Península Ibérica, convirtiéndose de esta forma —pese a lo referido por varias fuentes anglosajonas— en los segundos expedicionarios en circunnavegar la Tierra.[37]

         José Luis Casabán señala que entre los años de 1534 y 1535, los últimos supervivientes de las expediciones de Jofré de Loaysa y de Saavedra fueron trasladados a Cochín (India) y de allí a Lisboa, a donde finalmente arribaron en 1536.[38]

         Esta hechos ocurrieron 44 años antes de que Sir Francis Drake, el pirata navegante que fue ennoblecido por la reina Isabel I de Inglaterra, completara su vuelta al mundo, razón por la cual algunos escritores de lengua inglesa lo ensalzan como el segundo en haberlo realizado.[39] En Lisboa, las autoridades portuguesas requisaron a Urdaneta todas las anotaciones que había elaborado cuidadosamente a lo largo de esos años, además de sus mapas, cartas de navegación e informes dirigidos al emperador Carlos. Sabemos por las referencias historiográficas y por su abundante correspondencia que Urdaneta quedó sumamente enojado por la confiscación de aquel valioso material que él había elaborado y reguardado con tanto ahínco. Por ello se dirigió al embajador español en Lisboa, Don Luis Sarmiento de Mendoza, para expresarle sus reclamos y pedir su intervención.  El diplomático le aconsejó que partiera hacia España cuanto antes pues su vida corría peligro en Portugal debido al amplio conocimiento documentado que poseía sobre aquellas islas estratégicas.[40] 

         Con un caballo que le prestó el embajador Sarmiento, Urdaneta llegó hasta Valladolid —entonces la capital del reino español— donde comenzó a redactar una serie de informes para el Emperador, entre ellos uno que trataba sobre los rendimientos económicos que aquellas islas podían aportar a la Corona. Como ya se ha dicho, muchos de los documentos elaborados por Urdaneta —poseedor de una magnífica memoria, así como excelente caligrafía— se conservan los originales en archivos españoles, portugueses e ingleses. Después de su entrevista con el emperador Carlos I, Urdaneta junto con su hija Gracia se encaminaron al norte, a su pueblo de Villafranca de Ordizia, a donde regresa después de largos años de ausencia.[41]

 

Urdaneta en la Nueva España

 

Toda vez que hubo gozado de un largo tiempo de descanso y reposo, indispensables para el cuerpo y para el alma, la navegación y la aventura llamaron a su puerta nuevamente cuando  recibió una misiva de Pedro de Alvarado —ya para entonces famoso conquistador y uno de los hombres más cercanos a Hernán Cortés— quien solicitaba sus servicios para participar en la organización de nuevas expediciones marítimas por el Océano Pacífico saliendo desde la Nueva España.[42] Urdaneta dejó a su hija bajo el cuidado de su hermano y se embarcó hacia América. Los planes de Alvarado no se llevaron a cabo pues éste falleció al poco tiempo, en la provincia de Nueva Galicia, intentando sofocar la llamada Rebelión de Nochistlán (1541), que fue una gran insurrección de pueblos indígenas de la zona occidental de la Nueva España —cerca de la actual Zacatecas— contra la expansión colonial española. En la ciudad de México, capital de la Nueva España, Urdaneta se ganó la confianza del virrey Antonio de Mendoza, por lo que comenzó a ocupar cargos notables en el Virreinato e incluso fue dueño de una encomienda. Sin embargo, sorpresivamente en el año de 1553 el sabio e influyente Andrés de Urdaneta, con 45 años de edad, ingresó en el convento de los frailes agustinos en la Ciudad de México.

 

 

Urdaneta: marinero, cosmográfo, hombre extraordinario

En la Nueva España, tanto el virrey Don Antonio de Mendoza como Hernán Cortés deseaban explorar el Pacífico y conocer sus posibilidades, para lo cual se organizaron y enviaron diferentes expediciones. Ya se sabía como llegar hasta las islas de las especias desde las costas novohispanas. El viaje de ida no representaba mayor problema gracias a las corrientes y los vientos pero no así el regreso, el cual nadie había podido lograr.[43] Varias misiones terminaron en tragedia pues poco o nada se supo de aquellos que lo intentaron, por ejemplo la expedición de Alvaro de Saavedra en 1527 integrada por tres navíos, enviada por Hernán Cortés a petición de Carlos I para saber qué había sido de la expedición de Jofré de Loaysa, en la cual participaba el ya legendario Elcano, de quienes no se tenían noticias. Saavedra encontró a algunos supervivientes de aquel viaje, pero jamás pudo regresar a Nueva España pese a varios intentos. Murió en aquellas islas del Pacífico.  De igual manera Ruy López de Villalobos, quien en 1544 había tomado posesión de las Filipinas —descubiertas por Magallanes— bautizándolas así en honor al príncipe heredero, había fracasado en su intento de retornar a tierras americanas buscando el anhelado Tornaviaje, como antes le había sucedido a Gonzalo Gómez de Espinosa, uno de los últimos capitanes de la expedición de Magallanes. Todos aquellos intentos habían sido infructuosos. Villalobos estuvo buscando sin éxito el retorno desde las islas Marianas, y luego descendió hasta Nueva Guinea, pero finalmente murió prisionero de los portugueses en la isla de Amboina, en las Molucas.  A todas esas expediciones y sus marineros, la pretensión de retornar hacia América cruzando el inmenso Pacífico desde el continente asiático les costó la vida o el abandono perpetuo. Muchos acabaron perdidos como náufragos en algunas de esas remotas islas.[44]

         Mientras Urdaneta estaba en el convento agustino de la ciudad de México, Felipe II asumía el trono imperial tras la abdicación de su padre. El nuevo monarca decidió retomar inmediatamente el proyecto de establecer una base territorial en el oriente para poder acceder al comercio con China y Japón. Quería tener acceso directo a las especias asiáticas y otros productos. Felipe II ordenó al segundo virrey de la Nueva España, Don Luis de Velasco, preparar una expedición a las Filipinas. La monarquía española sabía que el gran problema no resuelto era el retorno a América, pues en los cinco intentos anteriores que se habían financiado, no se había podido conseguir. Los vientos, corrientes y tormentas habían impedido su regreso.[45]  Entonces a los oídos del rey llegó la buena fama de un veterano marinero convertido en fraile que respondía al nombre de Andrés de Urdaneta, razón por la cual en 1559 su majestad imperial envió una carta personal al reverendo padre Urdaneta rogándole que encabezara la nueva misión que estaba planeando, teniendo como prioridad la de encontrar una ruta segura que permitiera el retorno por aquel descomunal océano. El agustino, retirado en su convento, no podía negarse a una petición directa del rey de España, pero puso algunas condiciones. 

         Urdaneta solicitó inspeccionar personalmente la construcción de las embarcaciones y seleccionó cuidadosamente a la tripulación, basado en sus propias experiencias, con el fin de evitar enfrentamientos y motines.  Le propuso al Virrey que la misión fuese comandada por Miguel López de Legazpi, un guipuzcoano como él, sensato y con carácter, que rondaba la edad de 60 años. Aquel hombre había ocupado importantes cargos en el tiempo que llevaba residiendo en Nueva España y era de temperamento equilibrado. Urdaneta sostenía que el puerto ideal para la salida era Acapulco  «por ser grande, seguro, muy sano y de buenas aguas y mucha pesquería»[46], lo cual ya revelaba por parte del padre Urdaneta un conocimiento geográfico muy amplio de toda aquella zona americana. Además, en las inmediaciones abundaba la madera necesaria para la construcción de los navíos. Urdaneta era un perito no sólo en asuntos de navegación, sino en muchas materias más o menos relacionadas con el arte de navegar.[47]

         Fue en el mes de noviembre de 1564 cuando salieron del puerto de la Navidad (contraviniendo la opinión del fraile agustino pues así lo determinó el Virrey) bajo las ordenes de Legazpi y con la dirección náutica de Andrés de Urdaneta, con una nao capitana, dos galeones y dos navíos menores. Siguiendo la ruta conocida arribaron a las islas Filipinas el 20 de febrero de 1565. Decidieron asentarse en la isla de Cebú, muy cerca de donde había muerto Magallanes en 1521. Urdaneta conocía muy bien esas aguas y sus archipiélagos por los años de su juventud que había pasado en ellos. Para el regreso, después de varios meses de estancia y de dejar un campamento bien provisto, y habiendo reparado y abastecido las embarcaciones, partió de regreso el 1 de junio la nao capitana San Pedro, comandada por el nieto de Legazpi, Felipe de Salcedo, teniendo a Andrés Urdaneta como piloto en jefe, con dirección a la Nueva España, esperando encontrar el tan anhelado Tornaviaje.

         Urdaneta determinó, una vez llegados a la latitud de 20 grados norte, continuar en dirección ascendente hacia el norte, guiado por su intuición y sus conocimientos, sabiendo muy bien lo que tenía que hacer. Aprovechando el monzón de verano, encontró la corriente del Kuro Shivo, o Kuroshio (corriente negra o río negro en japonés), de la cual intuía su existencia gracias a sus múltiples anotaciones, observaciones, registros y conversaciones sostenidas con gente de aquellos remotos lugares. Llegados a una latitud superior a los 40 grados norte giraron al éste siguiendo la estrecha corriente del Kuro Shivo, que los impulsó como si de una autopista se tratase,[48] navegando siempre entre las latitudes de 30 y 39 grados norte, donde corrientes y vientos les condujeron con toda certeza. Después de pasar largas jornadas finalmente divisaron el Cabo Mendocino, en el norte de la actual California, y costeando en dirección al sur llegaron hasta el puerto de Acapulco el 8 de octubre de 1565, tras haber recorrido cerca de 16,500 km., una hazaña verdaderamente impresionante.[49]

         Urdaneta se trasladó a la ciudad de México donde fue magníficamente recibido y días después partió hacia Madrid para entrevistarse con el emperador Felipe II y darle personalmente la feliz noticia, que fue muy bien recibida por el monarca y la corte. Luego de aquel encuentro, el fraile regresó a su convento en México, donde fallecería el 3 de junio de 1568, a la edad de 60 años, aquejado de dolencias en los riñones. Su enorme hazaña permitió que durante dos siglos y medio esa ruta que trazó fuera recorrida por grandes embarcaciones cargadas con productos de ambos lados, pasando a conocerse indistintamente como el Galeón de Manila, la Nao de China, o el Galeón de Acapulco. El conocimiento de ese itinerario transoceánico fue guardado celosamente como secreto de estado por parte de la corona española, lo que garantizó una enorme ventaja a su comercio. Por ello no es de extrañar que durante ese largo periodo de tiempo algunos geógrafos e historiadores como el británico Oscar Spate y el francés Pierre Chaunu entre otros, denominaran al Océano Pacífico como “El lago español”.[50]

 

 

El legado de Urdaneta

Sus heroicos méritos debieran merecerle un reconocimiento mucho mayor del que tiene, sobre todo en su tierra adoptiva mexicana, antes novohispana, donde ha sido prácticamente ignorado. Es uno de los más grandes navegantes de la historia, uno de los pocos seres humanos que dio la vuelta al mundo navegando por todos los océanos, y a la vez uno de los más desconocidos. En México, nación a la que puso literalmente en el centro del mundo —ya que por la Nueva España pasaba todo el comercio que venía del lejano oriente— y que contribuyó a engrandecer en virtud del poderío comercial que se detonó gracias al derrotero que trazó, su nombre está casi olvidado. Aunque algunas calles de diferentes ciudades llevan su nombre, actualmente no existe un solo monumento, busto o escultura en su memoria. En Acapulco, puerto que él estudió y sugirió como punto de partida y llegada de la ruta por él concebida, solo existe una placa conmemorativa en un lugar conocido como El Mirador de La Quebrada, que se erigió en el año de 1936. Allí hay un monumento a la memoria del Galeón de Manila que cuenta con dos inscripciones. En una de ellas se puede leer lo siguiente: «Este monumento, conmemorativo al arribo de la Nao de China, Acapulco, fue construido siendo gobernador del Estado el general don José Inocente Lugo y presidente municipal Efraín Villalvazo. Año MCMXXXVI (1936)». Hay otra inscripción pequeña que hace referencia a Urdaneta, en las inmediaciones del Museo Naval de Acapulco.

         En el poblado español de Villafranca de Ordizia, lugar de su nacimiento, es donde está el monumento más importante en memoria de Andrés de Urdaneta, el hijo más notable de aquella localidad. Aunque ya se han escrito libros bien documentados sobre este personaje, y se han hecho notables hallazgos de fuentes históricas de primer orden —como las cartas y diarios que se conservan en el Archivo de Indias, en archivos portugueses y en otros repositorios como el de El Escorial—, el legendario Urdaneta, sabio de los mares y explorador destacado en los anales de la navegación mundial, es uno de los grandes personajes del siglo XVI que pasan desapercibidos. Por el hecho de haber sido uno de los contados sobrevivientes en la expedición de Jofré de Loaiza a las Molucas, y que además documentó profusamente aquella expedición, Urdaneta ya tenía su lugar asegurado en la historia. Sigue siendo uno de los primeros, uno de los pocos seres humanos que lograron darle la vuelta en toda su redondez al planeta, hace casi cinco siglos.

         Miguel López de Legazpi fue nombrado oficialmente gobernador de la Capitanía General de Filipinas en 1570, para en seguida abocarse a la conquista de la isla de Luzón.  En aquella isla los españoles fundaron la Siempre Leal y Distinguida Ciudad de Manila, en 1571. A la muerte de Legazpi, Guido de Lavezaris se convirtió en el segundo gobernador de Filipinas.[51] Este sevillano, consciente del potencial comercial de la bahía de Manila, envió una embajada a China con el objeto de establecer acuerdos de amistad e iniciar un intercambio comercial. En el siglo XVI China destacaba ya como la nación con más habitantes del mundo. Su población superaba los 100 millones de habitantes y por ese hecho seguramente también era la economía más grande del planeta.  China llevaba siglos utilizando el papel moneda, sin embargo, su emisión descontrolada sin respaldo en plata había provocado una grave inflación, lo que llevó a que esta moneda fuera rechazada como medio de pago fuera de China.[52]

         En respuesta esa situación, en el año de 1576 el emperador chino decidió retirar el papel moneda y volver a la antigua moneda de plata. Esta decisión representaba un gran desafío para China pues en Asia tan solo Japón producía plata en ciertas cantidades, pero de calidad baja. En contraste, los virreinatos de Nueva España y del Perú producían abundantes cantidades de plata de óptima calidad. Por ello obtenerla se convirtió en algo vital para el mantenimiento de la economía China. Para cubrir esa ruta, la corona española se encargaba de asignar un barco de su propiedad, construido en los astilleros reales. Sin embargo, la seguridad del viaje recaía en manos de los propios comerciantes, ya que la autoridad rara vez proporcionó barcos de escolta. La cantidad de mercancías que podían transportar los barcos estaba sujeta a las restricciones impuestas por la corona española. Inicialmente se limitó a un valor máximo de mercaderías de hasta 250,000 reales de a ocho (la moneda más importante y estable de su época), pudiendo traer el doble de este valor en productos o en plata en el viaje de regreso desde América.[53]

         Con el tiempo estos límites se fueron ampliando, pero dado lo lucrativo del negocio era muy común que los barcos desobedecieran la ley y regresaran con una carga muy superior, incluso hasta cuatro veces más del valor permitido. En un principio sólo los españoles residentes en Manila tenían autorización para embarcar mercaderías en el Galeón de Manila. Posteriormente se introdujo cierta flexibilidad en el sistema, para que aquellos que contaran con los permisos correspondientes, recibieran boletas y documentos que certificaran su derecho a cargar mercancías y fijar la cantidad permitida para cada comerciante, junto con otros detalles importantes.[54]

         La autoridad española limitó la cantidad de viajes a uno por año. Con esta restricción al ser la ruta comercial tan rentable, los barcos que solían realizarla eran los más grandes del Imperio. El barco era cargado de productos adquiridos a los comerciantes no sólo de China sino de todo Asia, incluyendo lugares tan lejanos como la India, Ceilán o Persia. Sedas, especias, marfil, porcelana, lacados, alfombras, tapices y prendas de algodón eran algunos de los valiosos productos que transportaba el Galeón de Manila.[55] 

         El primer viaje comercial desde Filipinas partió en 1573 con destino a Acapulco, siguiendo cuidadosamente el calendario para aprovechar los monzones de verano y evitar la temporada de tifones. El barco debía partir entre finales de junio y principios de julio siguiendo la ruta trazada por Urdaneta, en una travesía que duraba entre 4 y 6 meses. El navío finalmente anclaba en la bahía de Acapulco a finales de diciembre. Llegaba cargado con toda clase de productos y a su vez, retornaba a Asia cargado con animales, grana, cochinilla, maíz, cacao, vino, aceite de oliva, libros, productos manufacturados, azúcar, tomates, calabazas, patatas, etc., pero en especial el barco transportaba plata, tanto en lingotes como acuñada, no sólo para sostener la Capitanía General de Filipinas sino especialmente para adquirir nuevas mercancías.[56]  Se ha calculado que la plata que salía de Acapulco a mediados del siglo XVII significaba el 90% del total de la carga.  El aventurero italiano Giovanni Francesco Gemeli, quien viajó en el Galeón de Manila en 1698, describió la travesía como la más larga y temible del mundo, a causa de los vientos constantes en contra y a las feroces tormentas que se desataban, especialmente en el viaje (Tornaviaje) desde Filipinas.[57]

         Aunque la ley establecía un límite máximo de pasajeros en función del tonelaje de la embarcación, con frecuencia la norma se pasaba por alto y el hacinamiento era común, lo que conllevaba molestias, malos olores, condiciones insalubres y riesgos de enfermedades. A lo largo de sus 250 años de existencia, el Galeón de Manila fue capturado por piratas en sólo cuatro ocasiones, siempre al partir del puerto de Acapulco o a la llegada a las islas Filipinas. Es uno de los promedios más bajos en las rutas mercantes españolas.

         Toda vez que el barco llegaba Acapulco comenzaban las operaciones de descarga; las mercancías destinadas al virreinato del Perú se embarcaban inmediatamente en otro navío. En Acapulco, con parte de los productos descargados se establecía una feria local que duraba un mes. El resto de la mercancía se transportaban por tierra, a lomo de mulas hasta la ciudad de México, donde era vendida en el conocido Parián de Manila, mientras que otras mercancías continuaban hasta la ciudad de Puebla. El resto llegaba al puerto de Veracruz desde donde se embarcaba rumbo a La Habana. De allí la flota de Indias la llevaba primero a Sevilla, y desde el siglo XVIII a Cádiz, para ser vendida en toda Europa. Cuando los comerciantes adquirían productos en Asia, los pagaban principalmente con reales de ocho, la moneda española que llegó a ser durante casi tres siglos la más aceptada del mundo y la referente para el comercio internacional.[58]

         El real de ocho tenía un alto contenido de plata y se acuñaba principalmente en la ciudad de México, en el Potosí y en menor medida en Sevilla, Lima y Cartagena de Indias. Se estima que más de 400 millones de reales de ocho terminaron en China, lo que equivaldría aproximadamente a una tercera parte de las monedas de plata producidas en América. Las autoridades chinas, para convertirla en moneda de curso legal en su país, simplemente le hacían un resellado. Paulatinamente el real de ocho se fue convirtiendo en el método de pago en los negocios comerciales internacionales, aún en otras latitudes, llegando a denominarse en el mundo anglosajón como el dólar español.[59]

         Los asiáticos, especialmente los chinos, gracias a esa ruta comercial no sólo obtuvieron plata sino otros productos novedosos. Muchas tierras hasta entonces improductivas comenzaron a ser sembradas con plantas y vegetales originarios de América, lo que ayudó a mejorar la alimentación y a disminuir los efectos de las hambrunas. La ruta también propició un intenso intercambio cultural, social y religioso. La palabra parián, tan conocida en México y algunos lugares de España, es de origen filipino. Se estima que el 33% del vocabulario del idioma tagalo procede del castellano y más de un centenar de palabras en aquella lengua son originarias del náhuatl que hablaban los tlaxcaltecas que llegaron con Legazpi y en misiones posteriores, muchos de los cuales se quedaron a vivir definitivamente en Filipinas. El puerto de Manila a mediados del siglo XVII, con sus aproximadamente 42,000 habitantes —una cantidad similar a la que tendría entonces Barcelona— era un crisol de nacionalidades.[60]

         Los famosos mantones de Manila o los abanicos tan propios de la cultura andaluza, son originarios de China. También el vestido tradicional femenino de Puebla, México (el traje de china poblana), tiene su origen en Filipinas. La mitra y el báculo que lleva San Fermín —el famoso santo patrón de Pamplona— es regalo de un indiano navarro que fue enviado a su tierra natal desde Cantón. Fue un sacerdote, el padre Cobo, quien realizó la primera traducción de un texto clásico chino, y también el primero que tradujo a Séneca al chino. Los ejemplos y datos de estos intercambios culturales son numerosos.[61]

         El declive gradual del Galeón de Manila comenzó hacia 1785, cuando se otorgó a la Real Compañía de Filipinas el monopolio del comercio entre la España peninsular y aquel archipiélago. Esta compañía con sede en Cádiz, estableció una nueva ruta pasando por el Cabo de Buena Esperanza, haciendo escalas en Calcuta y Cantón para llegar hasta Manila. En 1813, año en que las Cortes de Cádiz suspendieron la ruta del Galeón de Manila, la Real Compañía de Filipinas creó otra ruta alternativa que haciendo escala en Montevideo cruzaba el Cabo de Hornos para luego hacer otra parada en El Callao, donde embarcaba monedas de plata para continuar hasta Manila. En 1811 el barco que había llegado desde Filipinas tuvo dificultades para vender su mercancía en América debido al inicio del largo y convulso proceso de independencia de México, lo que provocó que los mercaderes fueran reacios a adquirir productos hasta que la situación de inestabilidad se resolviera.[62]

         A la tensa situación política en Nueva España a principios del siglo XIX se unió la competencia que hacían ya otros países europeos en el comercio con Asia, lo que llevó a que muy pocos quisieran invertir en más viajes. Para el año de 1815, llegaba a Manila casi vacío el Magallanes, el último barco en hacer la ruta del Galeón. Con la independencia de México de 1821, se hicieron algunos intentos que no resultaron rentables, por lo que no se volvieron a aventurar más viajes. La Real Compañía de Filipinas, que no tenía actividad desde 1829, cerró definitivamente en 1834. El Reino Unido y especialmente los Estados Unidos a partir de 1898, se convirtieron en los actores principales del comercio en el Pacífico, y la ruta descubierta por Urdaneta —germen de lo que hoy llamamos globalización o mundialización y su significado histórico— fue quedando en el olvido, especialmente para nosotros los hispanoamericanos.

 

 

Conclusión

 

Andrés de Urdaneta, el intrépido y tenaz navegante, logró hallar en el siglo XVI el importante Tornaviaje después del fracaso de cinco expediciones anteriores. Fue la vía que marcó el arranque de la Primera Globalización al conectar el Galeón de Manila el comercio entre Asia y México, y desde ahí a través de la Flota de Indias, a España. Fue la ruta que más profundamente impactó en la economía y la sociedad mundial durante dos siglos y medio. El Galeón de Manila se convirtió en un vínculo crucial en el flujo de mercancías; fortaleció la relación cultural entre Asia y América y dejó un legado perdurable en palabras y costumbres compartidas. A pesar de los desafíos y aventuras en alta mar, el Galeón de Manila desempeñó un papel vital en la historia de la globalización, uniendo mundos distantes y enriqueciendo vidas. Esa ruta, imposible de encontrar para otros debido al conjunto de circunstancias que convergieron en ello, solo pudo ser obra del más diestro y experimentado marino de su tiempo, pues en primer lugar y ante todo logró sobrevivir. Otros que también fueron navegantes, sucumbieron. Los cosmógrafos y científicos de la época no tuvieron la posibilidad que tuvo Urdaneta de estar en aquellos sitios y vivir las intensas experiencias. En la época de su madurez y retiro en Nueva España, no quedaba nadie más en Europa y América que conociera mejor aquellos mares e islas pues las recorrió durante nueve años y desentrañó sus secretos. Eso le merece al modesto Urdaneta el reconocimiento universal. Su humildad, manifiesta en la reclusión conventual, le alejó de cualquier pretensión de gloria, blasones y bronces.

         La conexión directa establecida entre Filipinas y Nueva España redujo drásticamente el tiempo y los costos del transporte de mercancías, lo que detonó una era de prosperidad para las ciudades de Manila y Acapulco, que de esta manera se convirtieron en centros neurálgicos. Por un tiempo fueron los puertos más ricos e importantes del comercio transpacífico. Los metales preciosos, especialmente la plata de América llegando a Asia, generaron cambios intensos en la dinámica económica en ambas orillas del Pacífico. La introducción de productos europeos en el mercado asiático y viceversa, alteró las estructuras comerciales globales, creando una red de interdependencia que facilitó el intercambio cultural y económico. Hoy seguimos viendo el impacto en el mundo contemporáneo de aquellos hechos, de aquellas operaciones. La Historia nos enseña siempre las causas y los efectos; las circunstancias y las consecuencias. El logro de Urdaneta permitió establecer un foco de cultura europea en el lejano oriente antes que ninguna otra nación. Desde luego, como en todo proceso de ese tipo, también hubo consecuencias condenables de explotación humana, injusticias, presiones coloniales, ilegalidades y otros problemas sociales. Esa será materia de futuros artículos de investigación que continúen explorando tal línea de sucesos.  La Historia, maestra de vida y tiempo, sigue avanzando sin detenerse, como el espíritu humano y su afán de navegar cada vez más lejos.

         Para futuras investigaciones habrán de abordarse temas como las consecuencias de los procesos de independencia de los virreinatos españoles —que no colonias— en el declive del comercio por el Pacífico, la fundación de las primeras universidades en Asia por parte de los españoles, y los intercambios culturales más complejos.

 

REFERENCIAS

 

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[1] Licenciado en derecho por la Universidad Michoacana de San Nicolás, Morelia, México, Maestro en Humanidades y doctorando en Humanidades por la Universidad Anáhuac Querétaro, Querétaro, México. Correo electrónico: jose.espinosa29@anahuac.mx ORCID: https://orcid.org/0009-0008-4489-1139

[2] Mairin Mitchell, Friar Andrés de Urdaneta, O.S.A.:1508-1568. Pioneer of Pacific Navigation from West to East, (Londres: MacDonald and Evans, 1964). 

[3] Mariano Cuevas, Monje y Marino. La vida y los tiempos de fray Andrés de Urdaneta, (México: Galatea, 1943).

[4] Carlos Martínez Shaw, “La plata española, catalizador de la primera globalización. Universidad de Sevilla". En Comercio y cultura en la edad moderna, editado por Juan José Iglesias Rodríguez, Rafael M. Pérez García y Manuel F. Fernández Chávez, 21-45., (Sevilla: Editorial Universidad de Sevilla, 2015).

[5] Agustín Ramón Rodríguez González, Urdaneta y el Tornaviaje. El descubrimiento de la ruta marítima que cambió el mundo, (Madrid: La Esfera de los Libros, 2021).

[6] Edgar Morin, Tierra-patria, (Barcelona, Editorial Kairós, 1993).

[7] Miguel León-Portilla, Encuentro de dos mundos. Estudios de Cultura Náhuatl, 22 (1992): 23-24.

José Antonio Cervera Jiménez, Andrés de Urdaneta (1508-1568) y la presencia española en el Pacífico durante el siglo XVI. Llull: Revista de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas 24, 49 (2001): 59-88.

[8] Edgar Morin, Tierra-patria.

[9] Aldo Ferrer, Hechos y ficciones de la globalización, (México: Fondo de Cultura Económica, 1997).

[10] Ulrich Beck, ¿Qué es la globalización?: falacias del globalismo, respuestas a la globalización, (Barcelona: Paidós, 2008).

[11] Aldo Ferrer, Hechos y ficciones de la globalización.

[12] José Luis Sampedro, El mercado y la globalización, (Madrid: Destino, 2002).

[13] Real Academia Española. Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.8 en línea]. <https://dle.rae.es> [18 de junio de 2025].

[14] Carlos Martínez Shaw, La plata española, catalizador de la primera globalización”.

[15] Agustín Ramón Rodríguez González, Urdaneta y el Tornaviaje.

[16] Edgar Morin, Tierra-patria

[17] Silvia Ribelles de la Vega y Rafa Codes, El Galeón de Manila: La ruta que cambió el mundo, (España: Editorial Everest, 2018).

[18] Agustín Ramón Rodríguez González, Urdaneta y el Tornaviaje.

[19] Edgar Morin, Tierra-patria.

[20] Carlos Castillo Peraza, El porvenir posible, (México: Fondo de Cultura Económica, 2006).

[21] Edgar Morin, Tierra-patria, p. 17.

[22] Edgar Morin, Tierra-patria.

[23] Carlos Castillo Peraza, El porvenir posible

[24] Carlos Castillo Peraza, El porvenir posible

[25] Carlos Castillo Peraza, El porvenir posible, p. 529.

[26] Carlos Castillo Peraza, El porvenir posible, p. 529.

[27] Carlos Castillo Peraza, El porvenir posible.

[28] José Arteche, Urdaneta: el dominador de los espacios del Océano Pacífico, (Madrid: Espasa-Calpe, 1943).

[29] Luis Muro, La expedición Legazpi-Urdaneta a las Filipinas, 1557-1564, (México: Secretaría de Educación Pública, 1975).

[30] José Arteche, Urdaneta: el dominador de los espacios del Océano Pacífico.

[31] Tomás Mazón Serrano, La vuelta al mundo maldita: La expedición de Loaysa, (Madrid: EDAF, 2024).

[32] Mariano Cuevas, Monje y Marino

[33] Tomás Mazón Serrano, La vuelta al mundo maldita.

[34] José Arteche, Urdaneta: el dominador de los espacios del Océano Pacífico.

[35] Agustín Ramón Rodríguez González, Urdaneta y el Tornaviaje.

[36] Mariano Cuevas, Monje y Marino

[37] Insua, Pedro. 1492: España contra sus fantasmas. (Barcelona: Editorial Planeta, 2018).

[38] José Luis Casabán, “The Outfitting and Sailing of Early Sixteenth-Century Vessels in the Pacific: The Loysa and Saavedra Expeditions (1525-1536)”, in Proceedings of the 2014 Asia-Pacific Regional Conference on Underwater Cultural Heritage, ed. Hans van Tilburg (Honolulu: UNESCO, 2014).

[39] José Ramón Miguel Bosch, Urdaneta en su tiempo. (Donostia-San Sebastián: Sociedad de Oceanografía de Gipuzkoa/Gipuzkoako Ozeanografi Elkartea, D.L., 2002).

[40] José Arteche, Urdaneta: el dominador de los espacios del Océano Pacífico.

[41] Tomás Mazón Serrano, La vuelta al mundo maldita.

[42] Mariano Cuevas, Monje y Marino

[43] Mariano Cuevas, Monje y Marino

[44] Agustín Ramón Rodríguez González, Urdaneta y el Tornaviaje.

[45] José Arteche, Urdaneta: el dominador de los espacios del Océano Pacífico.

[46] Mariano Cuevas, Monje y Marino, p. 188.

[47] Mariano Cuevas, Monje y Marino

[48] Silvia Ribelles de la Vega y Rafa Codes, El Galeón de Manila.

[49] Mairin Mitchell, Friar Andrés de Urdaneta

[50] Silvia Ribelles de la Vega y Rafa Codes, El Galeón de Manila.

[51] José Antonio Cervera Jiménez, Andrés de Urdaneta (1508-1568) y la presencia española en el Pacífico durante el siglo XVI. Llull: Revista de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas 24, 49 (2001): 59-88.

[52] Carlos Martínez Shaw, “El Galeón de Manila y la economía filipina (1565-1815)”, Boletín Económico De ICE 1, 3074 (2016): 51-62.

[53] Carlos Martínez Shaw, La plata española, catalizador de la primera globalización”.

[54] Carlos Martínez Shaw, “El Galeón de Manila y la economía filipina (1565-1815)”

[55] José Antonio Cervera Jiménez, El Galeón de Manila: mercancías, personas e ideas viajando a través del Pacífico (1565-1815). México y la cuenca del pacífico 9, 26 (2020): 69-90.

[56] Carlos Martínez Shaw, “El Galeón de Manila y la economía filipina (1565-1815)”

[57] Silvia Ribelles de la Vega y Rafa Codes, El Galeón de Manila.

[58] Carlos Martínez Shaw, “El Galeón de Manila y la economía filipina (1565-1815)”

[59] Carlos Martínez Shaw, La plata española, catalizador de la primera globalización”.

[60] Silvia Ribelles de la Vega y Rafa Codes, El Galeón de Manila.

[61] José Antonio Cervera Jiménez, El Galeón de Manila.

[62] José Antonio Cervera Jiménez, El Galeón de Manila