GANTÚS, FAUSTA, GABRIELA RODRÍGUEZ RIAL Y ALICIA SALMERÓN (COORDS). EL MIEDO: LA MÁS POLÍTICA DE LAS PASIONES: ARGENTINA Y MÉXICO, SIGLOS XVIII-XX. (INSTITUTO DE INVESTIGACIONES DR. JOSÉ MARÍA LUIS MORA/UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE ZACATECAS, 2021)
Los miedos políticos, los de ayer y los de hoy
IBISAMY RODRÍGUEZ PAIROL[1]
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Los miedos políticos, en plural, los de ayer y los de hoy, son el fundamento del libro. Ya que se asumen como un organizador político con alto componente histórico que, como eje principal de la obra, ganan sentidos y significados diversos, toman distintas caras toda vez que se comprenden por los actores como percepciones de daños a futuro, mientras se resisten a la idea de sufrirlos. A través de doscientas diez páginas ocupadas por una introducción y seis capítulos, las ocho autoras de este volumen analizan varios casos en diferentes coyunturas y circunstancias, que tuvieron lugar en Nueva España, México y Argentina entre los siglos XVIII y XX.
Miedos que estuvieron a flor de piel y que contaron con una constelación de otras pasiones, emociones, afectos y sentimientos que los complementaron, contribuyendo a conformar su semántica en cada situación. Se presentan disímiles miedos políticos, sus tipos, formas, manera en que se experimentaron, transmitieron y utilizaron. Son variados los actores atendidos: autoridades, caudillos, presidentes, feligreses, funcionarios públicos, publicistas, obreros y empresarios. Todos capaces de generar y también de sentir miedo. Es notable como los trabajos no se encasillan en una única escala de observación, sino que juegan con diferentes niveles de análisis, moviendo la lente entre las dinámicas que vinculan en cada caso lo local con lo regional, nacional e internacional. Así como la circulación que se produjo en el plano de las ideas, a través de la literatura y otros medios impresos.
El anexo de planos, obras de arte y fotografías aéreas, brinda al lector la posibilidad de aprehender la espacialidad de los territorios y su configuración; así como percibir rasgos y expresiones humanas. Mientras que los fragmentos de escritos y listado de periódicos ayudan a comprender la magnitud del universo de la opinión pública. Todo lo cual permite pulsar la calidad de las fuentes utilizadas, o bien la sistematización de ellas, y los análisis empíricos detrás de cada uno de los capítulos.
En la introducción Alicia Salmerón realiza un balance pormenorizado de las ideas que sustentan el libro, los itinerarios teóricos y metodológicos que orientaron el trabajo colectivo y colaborativo durante tres años estudiando el problema de la política y las emociones. Dirigido a favorecer el diálogo entre las historiografía argentina y mexicana, desde las varias aristas de la llamada nueva historia política. Da cuenta de que cada autora rastreó el miedo político desde casos que forman parte de los espacios y la temporalidad de la que son especialistas, pero muy atentas a un hilo teórico y temático común. Este referente toral fue Thomas Hobbes, y su clásico Leviatán, aunque revisitaron tratados previos de otros autores. Obras en las que se percatan de cómo el miedo fue una emoción a la que fueron ubicando desde la literatura y la historiografía, en un lugar de interés para comprender la política. Accedieron a otros clásicos como Carlo Ginzburg, Alexis Tocqueville y Hannah Arendt; y se acercaron también a una producción más cercana espacial y generacionalmente a las autoras de este volumen.
Enseguida, aparece un capítulo escrito por Matilde Souto Mantecón, donde resalta que los miedos “son inherentes a la naturaleza humana pero también son históricos” (p.19), por ende, son rastreables en tiempos y espacios, asociados generalmente con la subversión del orden. Sin embargo, la autora demuestra cómo en la Nueva España, del siglo XVIII, algunos miedos fueron la columna vertebral del orden, el equilibrio social y político. Abarca en su texto una triada que plasma tanto miedos íntimos como privados. Primero, el reverencial a Dios, estructurador de la vida sociopolítica en el Antiguo Régimen. En segundo lugar, el miedo a la peste que azotó a la Ciudad de México entre 1736-1737, y que fue manipulado políticamente por las autoridades virreinales con el objetivo de conservar el poder. Las cuales utilizaron como una de sus estrategias el simbolismo protector de la Virgen de Guadalupe, asociado al Estado. Y, por último, el terror utilizado estratégicamente por el gobierno y específicamente por José de Gálvez, para contrarrestar las rebeliones populares. Para su identificación, Souto utilizó obras de gran éxito para el gobierno provincial y local dentro del Imperio español con vigencia y aceptación desde el siglo XVI hasta el XVIII, además de informes políticos de la época.
En un segundo capítulo, Mariana Terán, se centra en el análisis de los “temores de la conciencia” (p.50), frase fomentada por la prensa de la época. En una coyuntura puntual, el año 1857 en México, cuando las confrontaciones entre Iglesia y Estado dinamizaron las emociones ante las presiones de jurar la Constitución liberal o rechazarla, desembocando en el miedo íntimo de ciudadanos y creyentes. Explica, que ambas instituciones generaron miedos colectivos que ilustraron un amplio abanico: la excomunión, el encarcelamiento, el desempleo, los fusilamientos y la condenación eterna versaron entre las amenazas. Terán explora todas ellas a partir de “los mandatos constitucionales, órdenes y decretos, hasta los sermones y cartas pastorales” (pp.49-50). Atiende a cuestiones como los miedos que se desprendieron de las confrontaciones entre instituciones, los mecanismos para propagar dichos miedos, los diferentes actores que involucró, y el uso de imágenes para promover el miedo y el arrepentimiento.
Le sigue el texto de Gabriela Rodríguez Rial, que se percibe como una especie de parteaguas dentro del libro en la medida en que construye un diálogo amplio y profundo con Hobbes y su concepción de las emociones. En particular fijándose en el miedo como pasión político-literaria en la representación del pueblo como actor político en la escritura periodística del argentino Domingo Faustino Sarmiento, mientras estuvo exiliado en Chile. Luego de examinar un corpus de 350 textos publicados por Sarmiento en la prensa chilena entre 1841 y 1845, la principal pregunta que busca responder la autora tiene que ver con los miedos que sentían, generaban y experimentaban los tipos sociales representados por el publicista. Dígase: élites, pueblo, dominantes, dominados, los caudillos y sus subordinados. Pues se percata de que al explorar cada uno de estos tipos sociales, Sarmiento nota la indiferencia, el desafecto y el odio que sienten entre ellos cuando alguno amenaza el modo de vida del otro. Lo que a su modo de ver, lastraba la consolidación institucional y de un gobierno representativo.
María José Navajas e Inés Rojkind, muestran cómo la revolución de 1890 encabezada desde Buenos Aires por la Unión Cívica de la Juventud, desencadenada como resultado de una crisis económica y política, puede ser rescatada desde la perspectiva afectiva y emocional de los diferentes actores participantes. En particular los miedos que se encuentran en los relatos y en las crónicas de los testigos de aquella coyuntura. Testimonios producidos durante y después de 1890. Fuentes que permiten develar intenciones, posturas y tensiones dentro de la agrupación opositora, así como de los funcionarios del gobierno del presidente Manuel Juárez Celman. Les interesa a Navajas y Rojkind colocar la lente sobre dos cuestiones fundamentales: el miedo como impulsor de la movilización política hacia la revolución, y como experiencia e impronta en los espacios urbanos y los sujetos involucrados. Todo lo cual llegó a trastocar el orden establecido y a la generación de expectativas políticas.
Fausta Gantús se centró en la caricatura política intimidatoria, que no buscaba sólo criticar y hacer reír como lo había hecho hasta 1909 en México, sino que a partir de este año y sobre todo entre 1911 y 1913 se desbordó y transgredió una suerte de horizonte moral que había respetado; y su objetivo fue, desde entonces, el de “destruir a quien representaba y atemorizar a quien leía” (p.150). Esto como parte de la acción política durante la Revolución Mexicana y que desembocó en una “transformación profunda en el lenguaje de la sátira visual” (p.159). Lo anterior incurrió, entre otras cosas, en fomentar el miedo contra Emiliano Zapata y su movimiento, representándolos como bárbaros, en beneficio de otros grupos revolucionarios. La prensa y las caricaturas contribuyeron así a construir un enemigo o antagonista común para su público y el gobierno. Interesa a la autora, en específico, el discurso visual de la prensa contrarrevolucionaria y cómo este terminó incidiendo en la de carácter revolucionario. Observa los temores de los diferentes grupos políticos que se disputaban el poder, a la vez que todo esto trastocó el espacio público, al periodismo, y a las propias caricaturas. Reafirma la autora, como el uso del miedo, la violencia y la intimidación en las caricaturas por medio de la sátira visual dejaron una impronta aún visible en el periodismo que se siguió haciendo en México.
El último capítulo, escrito por Florencia Gutiérrez, contempla desde 1943 hasta 1949, años del primer peronismo en Argentina. La autora se pregunta cómo durante estos años el miedo se politizó y se resignificó en Tucumán como importante zona agroindustrial argentina, cuando, después de varias décadas e intentos, los obreros azucareros avanzaron hacia la sindicalización. Por lo que, entre patrones, dueños de ingenios y empresarios, se experimentaron varios miedos ante la posibilidad de pérdidas materiales como resultado de las revueltas y huelgas obreras. Por otra parte, estaban los miedos percibidos por los trabajadores y relacionados con el despido y el desempleo. A la vez que el gobierno peronista de gran “sensibilidad obrerista” intentaba “equilibrar los intereses sectoriales”, creando una “justicia del trabajo” (pp.186-187); cuyo engranaje se formuló por medio de la legislación, instituciones y abogados, con la intención de que fueran canales formales que facilitaran los convenios entre obreros y patrones. Explica Gutiérrez, que lamentablemente el asunto sindical, y su proceso de normalización, se vieron interrumpidos por el golpe de Estado contra el gobierno peronista en 1955. Siendo este un trabajo que permite comprender cómo en determinadas coyunturas los miedos circularon, se retroalimentaron y potenciaron unos a otros, funcionando en “un sentido bidireccional” (p.15), de individuales a colectivos y viceversa.
Si algo nos deja claro este libro y su acuciosa exploración, es que los miedos paralizan, pero también movilizan y organizan políticamente a las sociedades a lo largo del tiempo, y ello es perfectamente rastreable desde la historia política y su interés por las emociones de los actores involucrados en los diferentes procesos. Asimismo, resaltamos lo que consideramos uno de los grandes aciertos de la obra: el hermanamiento entre los casos estudiados, mexicanos y argentinos, demostrando la potencialidad de un fenómeno como el miedo para conectar experiencias históricas, más allá de las narraciones nacionales y hasta el día de hoy.
[1] Doctora en Historia por la Universidad de Guadalajara, México. Adscripción institucional: Centro de Investigaciones Históricas de América Latina (CIHAL-UJI), México. ORCID: 0000-0002-2752-394X. Correo electrónico: samyrpairol@gmail.com.